14 de junio de 2013

Lautaro en blanco y negro


General José de San Martín. Grabado, por R. Cooper, Londres, 1821

"El presente ensayo es un complemento más (...) y concurre a dar una conexión mayor al contorno general".
Juan Canter


Disposición del Triángulo base de la Logia Lautaro creada en Buenos Aires por San Martín, Alvear y Zapiola. Esta disposición fue aceptada y publicada por el Gran Oriente Federal Argentino-G.O.F.A. y por Augusto Barcia Trelles en su obra: San Martín, Venerable. Alvear, Orador, y Zapiola, Secretario.

Años después, Alcibíades Lappas, y luego Emilio J. Corbière, entre otros autores, le atribuyen la Veneratura a Alvear. Esto basándose en las encuestas de Bartolomé Mitre al ya muy anciano General Zapiola.

En esta cuestión no se pueden soslayar las disputas entre San Martín y Alvear, y la división de lealtades en las cuales este asunto derivó, concluyendo con la disolución de la primera Lautaro en 1815.

Al respecto, resulta interesante la carta del General uruguayo Enrique Martínez, muy allegado a todos ellos, que en una carta de 1853 deja constancia de que Pueyrredón fue rechazado varias veces de la Logia porteña, y que solo después del apoyo que le prestó San Martín para asumir como Director Supremo, Pueyrredón es aceptado en la nueva Logia reestructurada. La carta del General Martínez fue rescatada de los archivos uruguayos en 1912, que es la copia que actualmente tengo.

En la contratapa del primer volumen de su historia de La Masonería (1998), Emilio J. Corbière reproduce a todo color el cuadro que colgaba en el Templo mayor del Gran Oriente Federal Argentino-G.O.F.A. en 1936, calle Alsina 2028 (aún no se habían cambiado a la calle Sarmiento).

El cuadro representa a los componentes de la primera Logia Lautaro en 1812  y tenía 5 metros de largo por 3 de alto.

Preside San Martín, a su izquierda Alvear (Orador), y a su derecha (Secretario), no aparece Zapiola (mezclado entre los presentes), sino Bernardo de Monteagudo.

Dicho cuadro fue reproducido por la Revista Verbum en 1936, Año II, Nº 19, 1º de marzo de aquel año.

De este último ejemplar conservo el original que perteneció al investigador antimasónico Patricio J. Maguire en cuyos apuntes al margen (con lápiz), se pueden apreciar sus notas de consternación. Hasta su fallecimiento en 1993, sostuvo que San Martín no era masón. Todavía no sé si aquella confusión se debía a la mención de San Martín como masón, condición que le negaba invariablemente, o a la distribución de los miembros y dignatarios de la Logia, y, en este último caso, si conocía las discrepancias existentes entre los historiadores masónicos de las distintas vertientes. O sea, Barcia, "liberal", y Lappas, "regular".

Entre los otros miembros del cuadro, Verbum señala a: N. Rodríguez Peña, Manuel Dorrego, A. Balcarce, José Moldes, Manuel Moreno, Gervasio Posadas, J. Matías Zapiola y Tomás Guido.

Otros integrantes señalados eran: Ramón y Juan Larrea, Hipólito Vieytes, Antonio Alvarez Jonte, Vicente López y Planes, Toribio y Manuel Luzuriaga, Vicente Chilavert, Valentín Gómez, Julián Pérez (¿o Alvarez?), Prudencio Murguiondo, Ventura Vázquez, Salvador Cornet, Nicolás Herrera, Juan Zafrategui, Luis Iturribarría, Francisco Matheu, N. Fernández, Ramón E. Anchoris, Agustín Donado, Ramón Rojas, N. Conde, Francisco Ugarteche, Pedro Lezica y Manuel Pinto.

Para los festejos del Centenario de Mayo, la revista masónica La Cadena de Unión, en su ejemplar del Año XVIII, Época 2ª, Buenos Aires, Junio-Julio de 1910, publicará el ensayo "La organización masónica en la independencia americana", extenso artículo de Emilio Gouchón, uno de los Grandes Maestres de un sector de las diversas masonerías de la época.

El texto también es reproducido por la revista Caras y Caretas, pero en una edición ilustrada. Aquí se presenta la versión previa del cuadro de la Logia Lautaro trabajando en grado de aprendiz, pero con sutiles diferencias; por ejemplo, la distribución de las sombras en el recinto, la decoración de los mandiles que en esta primera versión se ven todos blancos y despojados de cualquier simbología y, destacándose en primer plano, la figura, ahora sí inconfundible, de Matías Zapiola, con sus rasgos mucho más nítidos y precisos.

Sin duda el ilustrador era muy hábil para captar detalles y seguir indicaciones o era simplemente masón, ya que en páginas posteriores dibuja con notable precisión a otros masones saludándose con el signo del grado de maestro.



Cuadro que colgaba en el Templo mayor del Gran Oriente Federal Argentino-G.O.F.A. en 1936, calle Alsina 2028 (aún no se habían cambiado a la calle Sarmiento). Versión que representa a los componentes de la primera Logia Lautaro en 1812 y tenía 5 metros de largo por 3 de alto. Revista Verbum en 1936, Año II, Nº 19, 1º de marzo.


Versión que representa a los componentes de la primera Logia Lautaro en 1812. Ejemplar original de la revista Caras y Caretas. 1910.

De la extensa lista de masones de la época citados por Gouchón (mucho más extensa de la citada por Verbum), entre estos menciona al General Enrique Martínez, que en una carta de 1853 sostenía, luego de la siguiente introducción de los directores del archivo histórico uruguayo (1):

LAS SOCIEDADES SECRETAS EN LA ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA

“El interesante documento que publicamos enseguida, tiene alto valor histórico por cuanto proviene del brigadier Enrique Martínez, actor de los hechos que relata. Además de consignar datos desconocidos acerca de las sociedades secretas en la época de la Independencia, rectifica algunas afirmaciones históricas que han sido repetidas por varios historiadores, y da la clave de hechos no bien explicados aún.

El general Martínez nos hace saber, por ejemplo, que Pueyrredón fue extraño a la Logia Lautaro y a la organización de las sociedades secretas hasta el día en que el Congreso de Tucumán lo eligió Director Supremo de las Provincias. También enuncia el prócer oriental el secreto de la conferencia celebrada en Córdoba entre San Martín y Pueyrredón en 1816, y en la cual aquél obtuvo que este se incorporara a la organización masónica”.

(...)

LA CARTA

"He tenido el gusto de recibir su carta última, del 18 del próximo pasado, y después de haberme impuesto bien de las dos indicaciones que me hace, le contestaré que veré si puedo reunir algunos documentos que me faciliten recuerdos para escribir algo del Ejército en los Andes en su formación y campaña, sobre Chile, porque del Perú mi memoria sobre la revolución del Callao dice bastante. La segunda indicación sobre las sociedades secretas manifestaré a usted lo que conozco bien.

Desde una época remota, existían Masones en el Río de la Plata, tanto que llamó la atención de la Corte de Madrid, e hizo encargos fuertes al Marqués de Sobre Monte (entonces Virrey) para perseguirlos, cuyas disposiciones se dictaron en los años 1804 y 1805; pero perteneciendo a ella el Secretario del Virreinato Gallegos, cruzó toda medida que se quiso dictar sobre la Sociedad, a tal extremo que unas noticias muy reservadas que daba Sobre Monte, respecto a ella, Gallegos sustrajo la nota. De modo que no habiendo llegado a manos de la Corte aquella, no pudo dictar medida alguna. Débese advertir que Sobre Monte no se atrevió a tomar ninguna medida, porque los avisos que había recibido, eran que, a la Sociedad pertenecían desde los Oidores hasta los últimos empleados, así civiles como militares, a más de la parte comercial (2). En este intermedio vino la invasión de los ingleses, y prisionero Beresford, se le trasladó a la guardia de Luján, y allí se hizo conocer por los signos masónicos del señor Don Saturnino Rodríguez Peña y en sus ratos de sociedad le indicó que su expedición no había tenido otro objeto que promover y proteger la independencia de esta parte de la América española.

Saturnino Rodríguez comunicó el pensamiento a Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, a Castelli, Donado, Berutti, Manuel Belgrano y algunos otros. Todos esos Señores pertenecían a la Sociedad masónica, pero tratándose de la Independencia de América, formaron una sociedad separando a los españoles. Esta empezó sus trabajos haciendo fugar a Beresford, pues este les aseguró que la expedición que debía llegar a Montevideo serviría solo para proteger sus trabajos; mas esto no tuvo el resultado que se esperaba, así fue que derrotados los ingleses, y ocupado Montevideo por las tropas españolas Liniers persiguió a Saturnino Rodríguez Peña y el hermano de este, Nicolás, sin poder descubrir nada. La sociedad continuó sus trabajos y adelantaba en ellos cuando estalló el 1º de enero de 1809 la revolución que encabezaba Álzaga, con los españoles. Ella, su objeto ostensible era quitar a Liniers, pero su plan era separar esta parte de América, haciéndola una monarquía española, es decir, con monarca que fuese parte integrante de la española europea. La sociedad americana que comprendió era preciso luchar para no perder su posición, consiguió que los Masones se decidiesen a sostener a Liniers y fue disuelta la revolución, a más de la sociedad que la sostenía.

Desde ese momento la Sociedad Americana, fue preparando la revolución del año 1810, para lo que atrajo a su seno, la mayor parte de los jefes que mandaban cuerpo y todo siguió su dirección hasta el año 1812, en que llegaron de Europa San Martín, Alvear, Zapiola, Chilavert, que traían encargo de establecer la Sociedad de los Caballeros Racionales, cuya fundación había sido hecha en Santa Fe de Bogotá. Esta Sociedad tenía el solo objeto de promover la independencia de todas las secciones de la América española, y unirse de un modo fuerte para repeler la Europa, en caso de ataque. A esta sociedad (que en realidad en Buenos Aires se la conoce como Logia Lautaro) se incorporaron todos los Masones, y toda la parte civil, militar, eclesiástica y el comercio, y se ramificó con tal velocidad que ya nada se hacía en las provincias sin que fuese acuerdo de ella. Mas era preciso que sobreviniera un mal por pretensiones y así sucedió. Alvear quiso andar más adelante y pidió se le dejase hacer, después quiso también marchar al Perú y ese fue un tropiezo que trajo un desquicio, y la Sociedad suspendió sus trabajos, por haberse desbaratado. San Martín que era el Venerable, y no estaba en Buenos Aires (en aquel momento se hallaba en Mendoza), transmitió sus poderes y volvió a reorganizar a la Sociedad. Esta hizo que se reuniese el Congreso de Tucumán, y declarase la Independencia, y nombró a Pueyrredón, Director, más este no pertenecía a la Sociedad y en Buenos Aires no querían recibirlo. Entonces fue San Martín a Córdoba y en ese punto consiguió que Pueyrredón se incorporase a la Sociedad y fue reconocido. Es entonces que se ejecutaron inmensos trabajos para asegurar la independencia, y entre otros se hizo la expedición a Chile; pero sobrevino la revolución del año 20, y la Sociedad se concluyó, pero se conservó en Chile hasta la caída del Venerable O´Higgins. Terminado el año 1820 se reformó en Buenos Aires la Sociedad Carbonaria, y esta duró dirigiendo los destinos del país hasta que se concluyó la presidencia de Rivadavia. Después de esa época no he conocido más sociedad que la que se reunía en el Hospital de Caridad, y cuyos antecedentes y trabajo supongo que usted conoce mejor que yo.

He dicho a usted lo que conozco de las sociedades secretas, y por lo tanto la influencia que ellas han tenido en nuestros negocios de Independencia y demás. No es un trabajo como usted podría desearlo pero sí es una verdad sin reproche. Es de usted como siempre afectísimo seguro servidor que besa sus manos".

Enrique Martínez.

San Martín, Pueyrredón y los logistas cumplirán el Plan Maitland para obtener la independencia de América. Pero según Enrique De Gandía, influenciados por las ideas Napoleónicas (3).

San Martín actuó en las Logias españolas en 1811 y contribuyó a fundar la de Londres y las Lautarinas de Buenos Aires (1812), Mendoza (1814), Córdoba (1814), la del Ejército de los Andes (1816) y, por último, la de Lima.

BIBLIOGRAFÍA, NOTAS Y FUENTES CITADAS

(1) Revista Histórica publicada por el Archivo y Museo Histórico Nacional, Tomo V, 1er. Trimestre de 1912, Nº 15, páginas 255-259. La carta también fue reproducida por la revista Símbolo, Año XXIV, junio de 1970, Nos. 71 y 72, páginas 186-192, texto incluido en el artículo "San Martín, el hombre de las Logias", copia que presenta la particularidad de dirigirse a su destinario con el agregado de "Mi querido Hermano", referencia no mencionada en el documento dado a conocer en 1912.

En esta última nota también se reflexiona que: "Según la tradición la logia de los Caballeros Racionales fue iniciada en Cádiz. Pero dado que (...) por las cartas del General Carlos de Alvear, la logia gaditana tenía el Nº 3, la de Caracas el Nº 4, y la fundada en 1811, en Londres, el Nº 7, es posible que las Nros. 1 y 2 fuesen las de Bogotá (Colombia) y la de Filadelfia, respectivamente. Quedaría no obstante el interrogante cuáles eran las que poseyeron las Nros. 5 y 6. Posiblemente uno de esos números correspondiese a la de México".

(2) La noticia alude a la Logia "San Juan de Jerusalén de la felicidad de esta parte de América", mencionada por el historiador Juan Canter en sus numerosos estudios, entre los cuales se refiere a la causa fortuita por la cual se reveló su existencia, por un simple descuido. ("Sociedades secretas, políticas y literarias (1810-1815)", Buenos Aires, 1942 y Verbum, "El primer conocimiento de la Masonería en Buenos Aires", Cuarta época, Año XIII, N° 7, Buenos Aires, diciembre de 1947, páginas 372-373).

Canter también desestimó la existencia de la Logia Independencia. Sostenía en 1949: "Se continúa concediendo validez a la pretendida Logia Independencia, se insiste aún sobre el mito de la Sociedad de los Siete y se prosigue desconociendo la Logia masónica de Julián Alvarez" (Liberalis, N° 3, Buenos Aires, septiembre-octubre de 1949, páginas 27-32).

Canter fue muy crítico con respecto a historiadores masónicos como Zuñiga y Lazcano (colaboradores y cuasi editores adjuntos de la revista La Cadena de Unión, todo en un entorno ligado a la Masonería de vertiente anglosajona). Por lo expuesto en cuanto a datos y publicaciones, se desprende la cercanía de ideas de Canter con el punto de vista de otros investigadores del círculo allegado al Gran Oriente Federal Argentino.

(3) Enrique de Gandía, "La vida secreta de San Martín", Revista Todo es Historia, Nº 16 de agosto de 1968, páginas 8-19.

- Barcia, Augusto, "La Francmasonería en la Independencia de América: La obra de San Martín", Verbum, Cuarta época, Año XIII, N° 6, Buenos Aires, noviembre de 1947.

- Barcia, Augusto, "San Martín y Pueyrredón: La entrevista de Córdoba", Verbum, Cuarta época, Año XIV, N° 8, Buenos Aires, marzo de 1948. (En este artículo, Barcia cita erróneamente la pertenencia de Pueyrredón a la Logia, según lo que se desprende de los datos aportados en la carta del General Martínez).

- Canter, Juan, "Las sociedades secretas, políticas y literarias (1810-1815)", Buenos Aires,1942.

- Piccirilli, Ricardo, "San Martín y la Logia Lautaro", Museo Histórico Nacional, Serie II, N° XVI, 1958.

ANEXO


"La organización masónica en la independencia americana" de Emilio Gouchón. La Cadena de Unión, ejemplar original del Año XVIII, Época 2ª, Buenos Aires, Junio-Julio de 1910.


"La organización masónica en la independencia americana" de Emilio Gouchón. Original de la revista Caras y Caretas. 1910.


"La organización masónica en la independencia americana" de Emilio Gouchón. Original de la revista Caras y Caretas. 1910.


"La organización masónica en la independencia americana" de Emilio Gouchón. Original de la revista Caras y Caretas. 1910.


"La organización masónica en la independencia americana" de Emilio Gouchón. Original de la revista Caras y Caretas. 1910.

Ver también: El extraño caso de la Logia Lautaro y el señor San Martín