25 de abril de 2026

La hoguera ideológica del terrorismo

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I

A través de la historia han proliferado las insurgencias, revueltas, disidencias, ataques llevados a cabo por individuos aislados, escaramuzas o atentados masivos, sabotajes o extensos conflictos sostenidos por años por diversos gobiernos contra grupos organizados y bien pertrechados, ya sea con pistolas, fusiles, explosivos o hasta cuchillos: las guerrillas locales y grupos terroristas han actuado desde antaño contra dichos gobiernos, personas y bienes hasta bien entrado el siglo XX, constituyéndose la actual oleada terrorista del integrismo islámico en la mayor amenaza global, con su variante más temible: el atentado suicida.

Ya en la antigüedad existían grupos insurgentes como los zelotes: nacionalistas, sectarios y fanáticos religiosos. Hay semejanza con los actuales grupos integristas islámicos y su yihad. Por ejemplo, ISIS, el cual hace uso del asesinato indiscriminado incluso hacia el interior de su comunidad y la población musulmana que no adhiere a ellos. 

En ocasiones se les ha considerado en forma equívoca como grupos de resistencia armada y no como terroristas, pero la diferencia radica en el modus operandi. Cuando los disidentes se vuelcan al uso de armas y otros medios de destrucción para combatir al Estado o estamentos gubernamentales, y a la vez provocan daños en la población civil o intentan someterlos a su propia causa, más allá de los regímenes despóticos a los que se oponen y enfrentan, se incurre en terrorismo.

Los grupos insurgentes y desestabilizadores eran duramente reprimidos. En los imperios mesopotámicos (y luego Roma) eran perseguidos y aniquilados a través de campañas militares y con técnicas que buscaban expulsar y erradicar a los sediciosos, adoptando la forma y metodología de lo que hoy se conoce como terrorismo de Estado.

En el siglo XI d. C. (1090-1275) surge dentro del propio Islam chií la secta de los Asesinos, cuyos miembros se dedicaban a los asesinatos políticos y religiosos cumpliendo con obediencia ciega su cometido. Con base en Persia y distintas fortalezas, en el apogeo de su poder se expandieron a Siria y toda la región, tejiendo una red de castillos inexpugnables. Fueron destruidos por la invasión de los mongoles. 

Mataban por encargo de cualquier facción que les pudiera pagar y consumían drogas como el hachís para estimular su éxtasis religioso y espíritu combativo, convencidos de que existía para ellos un paraíso si morían en el transcurso de su misión. Los mismos musulmanes los consideraban herejes peligrosos y temibles, al igual que los cruzados. 

Aquí se puede ver más de un punto de coincidencia con los sicarios (de "sica", espada corta o daga) de la secta judía de los zelotes y aún más, con el mundo actual, no solo por el uso de las drogas, la taqiyya u ocultamiento de su identidad y el adiestramiento al que eran sometidos utilizando técnicas de lavado de cerebro como vehículo para ejecutar actos de autosacrificio suicida en consecución de sus objetivos, sino también en la metodología mercenaria utilizada también hoy por los carteles del narcoterrorismo y bandas criminales.

Cualquier medio ha sido válido a través de la historia para subvertir el orden establecido y causar daño. Los venenos fueron utilizados de distintas formas y en todas las épocas para el asesinato y/o para emponzoñar las armas, así como los cuerpos lanzados en catapultas hacia el interior de las fortalezas y castillos de la Edad Media actuaron como armas biológicas para llevar la peste a los sitiados. Bin Laden alentaba la adquisición de armas químicas y nucleares como un deber religioso de todo musulmán.


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II

Desde finales del siglo XIX el terrorismo se volvió más sistemático y desde entonces se han sucedido varias oleadas, aunque se han diversificado los tipos debido a los nuevos actores y conflictos:

  • La oleada anarquista. Surgió en Rusia hacia fines del siglo XIX en la época despótica de los zares y se extendió rápidamente por toda Europa, Asia y América, siendo una ideología a la que adherían en un gran porcentaje las masas de inmigrantes y cuya acción propagandística destacaba por el uso del telégrafo, los panfletos y periódicos, así como también por el uso de explosivos.
  • La oleada anticolonialista. Surgió después de la primera Guerra Mundial, hacia 1920. Destaca en aquella época el Ejército Republicano Irlandés o IRA fundado por Michael Collins, y ya en la décadas de 1940-1950, la guerrilla liderada por Ho Chi Minh y surgida de la alianza entre comunistas y nacionalistas en el contexto de la guerra de Indochina con el objetivo de independizarse de Francia.
  • La oleada independentista de extrema izquierda, etnonacionalista o separatista. Surgió en las décadas de 1960-1970. Aquí se encuadran las diversas guerrillas latinoamericanas, grupos como la OLP (1964) o Septiembre Negro (1970) en Medio Oriente y, ya en Europa, ETA o País Vasco y Libertad (1958-2018), Baader-Meinhof o Fracción del Ejército Rojo en Alemania (1970-1998) y las Brigadas Rojas italianas (1969-1987).
  • La oleada integrista religiosa de la cual el yihadismo es su peor exponente, sobre todo en la evolucionada variante del ataque suicida. Puede situarse la ascendencia de esta tipología terrorista en el surgimiento de los movimientos islamistas del siglo XIX y, más actualmente, en la OLP u Organización para la Liberación de Palestina, creada por Yasir Arafat en 1964 como reacción al nacimiento del Estado de Israel. Una época caracterizada luego por el secuestro de aviones y/o destinada a captar la atención pública y forzar decisiones políticas de los gobiernos.


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III

Desde fines del siglo XX se asiste a un retorno del fundamentalismo monoteísta, cuyo punto de inflexión puede situarse en la Guerra de los Seis Días (1967), donde los grupos ortodoxos judíos acentúan su influencia y poder en Israel, luego de su victoria contra la coalición árabe. 

Esta fuerza de derecha, vinculada al nacionalismo conservador y sionista (partido Likut) ha dominado la escena política israelí en las últimas décadas, desplazando al Laborismo como exponente del estado laico. 

Pero el terrorismo sionista operó durante el Mandato Británico en Palestina (1920-1948), zona de la que fue despojado el Imperio Otomano luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial y que ocupaba los actuales territorios de Jordania, Israel y Palestina. 

Esta aplastante victoria contra la coalición liderada por la República Árabe Unida (Egipto), Jordania, Irak y Siria, le aseguró a Israel la posesión de la Franja de Gaza (cedida al control de la Autoridad Nacional Palestina en 2005), la Península de Sinaí, los Altos del Golán, Cisjordania y la parte Este de Jerusalén (incluida la Ciudad Vieja y los restos del Templo), ratificándolo en su doctrina de pueblo elegido por Yahveh. 

Como respuesta a este estatus de potencia ocupante se intensificó el nacionalismo palestino con la OLP y Fatah (Kuwait, 1958) dentro del contexto de tensión de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y su intervencionismo en la región. 

Por los Acuerdos de Camp David (1978) y el Tratado de Paz egipcio-israelí (1979), Sinaí es devuelto a Egipto en 1982. Pero la derrota árabe significó la pérdida de popularidad de Nasser que, junto al Partido Baaz (fuerte en Siria e Irak), son vistos como una amenaza secularizadora y provocan la reacción del Islam político que vendrá de la mano de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes (1928).

IV

Con los años, y en una incesante escalada de violencia se produjeron hechos significativos como sucesivas guerras (Yom Kipur, en 1973), el secuestro y asesinato de los atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich en 1972 (y su contraparte, la caza a los miembros de Septiembre Negro por parte del Mossad), hasta desembocar en el peor atentado ocurrido hasta la fecha, es decir, el ataque a las llamadas Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en 2001, ejecutado por órdenes de Osama Bin Laden, líder de la red Al-Qaeda nacida en Afganistán en 1989. 

En ese lapso se producen la Revolución Islámica en Irán con la instauración de un gobierno teocrático bajo el liderazgo del Ayatola Jomeini (1979-1989), así como la invasión soviética de Afganistán (1979-1989) y las guerras Irán Irak (1980-1988) y del Golfo (1990-1991).

Superada la conflictiva década de 1990, las crisis del Golfo Pérsico y el ataque del 11-S, se intensifica la guerra global contra el terrorismo (doctrina preventiva). Iniciada la invasión de Afganistán por Estados Unidos y la nueva guerra contra Sadam Husein en 2003, surgirá la resistencia a la invasión (a través de los talibanes, vueltos al poder en 2021), y a partir del grupo Al-Qaeda en Irak liderado por el jordano Al Zarqawi, profundizando en el desarrollo de los conflictos asimétricos.

En el período 2010-2012 se produjo la "Primavera Árabe" (que involucró a Egipto, Libia, Sudán, Túnez, Marruecos, Irak, Siria, Yemen y otros países de la región), motivada por múltiples causas (vinculadas a los regímenes de gobierno, las libertades civiles y la mejora en la calidad de vida), y donde las redes sociales jugaron un rol crucial como instrumento de protesta. 

En 2011, Bin Laden es ejecutado en Pakistán por un grupo de tareas de los Estados Unidos. Con los años, en 2013, y separado de Al-Queda y su nuevo líder Al-Zawahiri por cuestiones ideológicas, surge Estado Islámico, ISIS o Daesh, bajo el mando de Al-Baghdadi (muerto en 2019), autoproclamado Califa (cuyo significado en árabe es "el que guía"), que obtiene la lealtad de, entre otras organizaciones, la temible Boko Haram que opera en Nigeria, Camerún y Chad. 

El escenario de la guerra civil siria (y otros países vulnerables) fue propicio para la intervención de diversos grupos terroristas como el Frente Al-Nusra (franquicia de Al-Qaeda), Hezbolá (chií, con base en Líbano y apoyo de Irán), el PKK (kurdo); y para la expansión territorial de Estado Islámico, actuando en una amplia diversidad de frentes para desmoralizar y desgastar al enemigo, confrontando a través de una guerra de guerrillas y ejerciendo el control de zonas o territorios para establecer un nuevo Califato bajo la ley de la Sharía. 

A raíz de sus recientes derrotas militares en Siria e Irak, puede decirse que hay un nuevo cambio de estrategia por parte de Estado Islámico, adoptando un modelo de terrorismo urbano de bajo costo o low cost, planteando el desarrollo de una nueva fase de la yihad que implica el diseño, planificación y ejecución del acto terrorista por individuos solitarios y pequeños grupos autónomos (o células) según sus propias capacidades, sin conexión entre ellos y desvinculados de liderazgos jerárquicos. 

Estas ideas suponen una mayor flexibilización de su modus operandi y de sus pautas de organización y actuación. Una nueva etapa signada por el acceso a la cultura digital y la captación masiva de adeptos, la multiplicidad (y transnacionalización) de objetivos en distintos frentes, aún entre su propia población, y lo impredecible del terrorismo suicida en ascenso (mayor letalidad y extrema violencia), obligando con esto a los gobiernos que los combaten a redefinir y priorizar sus políticas de defensa, prevención hacia el interior de sus propias fronteras e intervencionismo armado.

Hay una ausencia de estructuras rígidas en estas redes que las vuelven más fácilmente manejables, con el agravante de estar unidas por sistemas informáticos y de telecomunicaciones, de los cuales son especialistas. A través de Internet (y su carácter viral), se puede acceder a las publicaciones y servicios de propaganda de estos grupos, incluso a manuales sobre cómo fabricar distintos tipos de artefactos de variada peligrosidad o aprender tácticas de ataque. 

Los candidatos a ser captados para su radicalización pueden introducirse en la Deep Web y, más aún, en la Dark Net o red oscura, que les proporciona privacidad y anonimato y donde está asegurado el secreto de la información que transmiten (la antigua taquiyya). 

Distintos medios de comunicación, webs, foros de discusión y perfiles en redes sociales como YouTube, Facebook, Twitter (actual X), Telegram o hasta el chat de las consolas de videojuegos son ejemplos de herramientas útiles para estos grupos, así como la producción de cuidados documentales de muy alta calidad técnica sobre propaganda militar y ejecuciones.

La creación del llamado Cibercalifato, un grupo de crackers afines a la causa de Estado Islámico, ha permitido potenciar las principales actividades de las organizaciones terroristas (captación, reclutamiento, adoctrinamiento, adiestramiento, formación o financiación), así como el uso del malware y otras herramientas, con la posibilidad de realizar ataques más complejos a bancos (actividades y operaciones financieras), empresas, gobiernos (sistemas electorales), medios de comunicación, los sistemas que proveen de electricidad, agua, controlan el tráfico, las centrales nucleares y hasta hospitales, es decir, las actualmente llamadas infraestructuras críticas.


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V

Actualmente, ISIS y Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), han crecido ostensiblemente en África, llegando a la cifra de varios miles de combatientes y disputándose amplias franjas territoriales, siendo el continente africano una de las zonas más atacadas luego de países como Afganistán y los ya mencionados Siria e Irak, y con mayor número de víctimas que Europa. 

Sus tácticas son muy violentas y sus actividades abarcan más de una docena de países. Al-Qaeda cuenta con presencia en diversas regiones del mundo con más de veinte grupos, en Yemen (su actual base de operaciones), Egipto, Somalia, Mali y parte de Argelia, así como en Afganistán (donde naciera impulsada por Osama Bin Laden), Pakistán, India, otros países de Asia y Rusia. 

América Latina ha sido cooptada por Hezbolá, grupo vinculado al crimen organizado y la narcoguerrilla y con amplia difusión ideológica.

También preocupa el proceso de radicalización a partir de las diversas escuelas coránicas, las mezquitas esparcidas en distintos países, los líderes yihadistas exiliados y las prisiones, los inmigrantes de segunda o tercera generación, y una de las mayores preocupaciones (quizá más ligada a los países europeos), la de los conversos o del terrorismo autóctono de origen interno con una radicalización independiente de la cultura parental y de la religión (con escasa vinculación al Islam y desconocimiento de los fundamentos del Corán), así como los excombatientes o "retornados" de las zonas de conflicto, aquellos que regresan a sus países con la posibilidad de atentar o reclutar, situación que se intenta evitar impidiendo que vuelvan u oscilando entre el endurecimiento de la legislación del tipo represivo y aquellas medidas de tipo estructural, como las de atacar las causas de la segregación.


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Apéndice 


Procesos históricos y evolución del terrorismo (Gráfico del autor). 
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Procesos organizativos vinculados al desarrollo de misiones suicidas (Gráfico del autor). 
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Masacre de los once atletas israelíes llevada a cabo por el grupo terrorista Septiembre Negro (una facción de la OLP), en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.


Muerte de Bin Laden, líder de Al-Qaeda. Murieron 2.753 personas en los ataques a las Torres Gemelas, entre ellas 323 bomberos, 23 policías y 37 agentes de la autoridad portuaria. En el Pentágono murieron 164 personas y otras 40 entre pasajeros y tripulación de los aviones (Fuente: CNN).


El sorpresivo ataque del grupo terrorista Hamás o Movimiento de Resistencia Islámica dejó la cifra de más de 1.200 muertos en territorio israelí y más de cien rehenes, provocando un ataque masivo de Israel sobre la Franja de Gaza en poder de Hamás desde 2007 (Fuente: BBC, 2023). A la fecha, se estima que la cifra de fallecidos en Gaza asciende a 85.000.


El separatismo vasco en cifras. El Diario de Sevilla, edición del 4 de mayo de 2018.


Cartel en homenaje a Martin Meehan, miembro destacado del Ejército Republicano Irlandés Provisional (una de las facciones históricas más violentas del grupo terrorista, activa entre 1969 y 2005), y del Sinn Féin, considerado el brazo político del IRA. Las víctimas del conflicto, en este período, superan ampliamente las 3.500 muertes, incluyendo a miembros de las fuerzas de seguridad, civiles, militantes del IRA y de otras facciones nacionalistas.


El presidente de la Democracia Cristiana de Italia, Aldo Moro, secuestrado y asesinado en 1978 (luego de un cautiverio de 55 días), por las Brigadas Rojas (1970-1988), grupo terrorista de extrema izquierda.

Bibliografía

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14 de abril de 2026

Estados de terror


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Determinados sistemas de gobierno ejercen un control absoluto y suprimen las libertades individuales mediante el uso de la violencia y la propaganda. Durante la Guerra Fría, muchas dictaduras surgieron o se mantuvieron con el apoyo de las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) como parte de su influencia ideológica y geopolítica.

Introducción y antecedentes

No existe una definición consensuada sobre el terrorismo, pero este se caracteriza por llevar a cabo actos violentos con la intención de producir daños humanos y materiales sin distinción de categorías, ejecutados por grupos, individuos y Estados que hacen uso sistemático del terror y su propaganda para impactar en el imaginario colectivo, intimidar a la sociedad y forzar reacciones políticas en pos de sus objetivos, que abarcan un amplio espectro de creencias, ideologías o doctrinas.

Como antecedentes del terrorismo de Estado, que involucra el cese de los derechos constitucionales y el avasallamiento de la población civil, se pueden mencionar el período jacobino en Francia (ejecuciones masivas de opositores, propaganda anticlerical), el totalitarismo de la Unión Soviética (gulags, purgas), el Franquismo (persecución y alteración del orden jurídico), el fascismo italiano y el régimen Nazi, cuyo desarrollo de la propaganda política fue notable (aparte de sus crímenes de lesa humanidad contra diversos colectivos sociales). 

Goebbels utilizó masivamente la prensa gráfica, la radio y el cine de Leni Rienfestahl, así como espectáculos multitudinarios especialmente ambientados (Congreso de Nüremberg, desfiles, despliegue de estandartes y banderas, antorchas, etc.), para provocar un fuerte impacto emocional en la población, así como grupos paramilitares (SA o camisas pardas) y campos de concentración. Décadas después, la dictadura cívico-militar argentina utilizará estrategias similares (organización del Mundial de Fútbol de 1978, Guerra de Malvinas en 1982, Triple A, centros clandestinos de detención). Esta situación se repetirá dentro del marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional aplicada por todas las dictaduras de América Latina bajo la influencia de Estados Unidos.

Los nuevos Estados del terror: el paradigma de Estados Unidos y la Guerra Fría

Después de la Segunda Guerra Mundial (durante la cual Estados Unidos creó campos de concentración para japoneses en su propio territorio), y en el período de 1950-1975, el pueblo estadounidense vivió una de sus etapas más oscuras en cuanto a la pérdida de la intimidad en su vida privada, ya que los organismos de seguridad del Estado gastaron fortunas en elaborar nuevas técnicas de vigilancia y espionaje, así como mejores métodos en el intento de manipulación y control de la ciudadanía a fin de detectar en aquel periodo de preocupación obsesiva a los individuos de ideas extremas (comunistas y opositores).

En el ámbito de la manipulación política y la persuasión de las masas, detrás de su pretendido sistema democrático, y amparado por estructuras institucionales como la CIA y otras agencias de seguridad, Estados Unidos se convirtió de a poco en un Estado policial, modelo que luego trasplantó a los países latinoamericanos.

Obras notables para el análisis propagandístico y de manipulación poblacional son Fahrenheit 451, publicada en 1953 durante las persecuciones ideológicas del senador McCarthy, y que describe a una sociedad totalitaria donde impera la censura y cuyo cuerpo de bomberos semejante a la estructura de una policía secreta incendia las bibliotecas (en Argentina se dio la quema de centenares de miles de libros durante el proceso de reorganización nacional de 1976-1983, bajo las consignas nacionalistas y cristianas); el libro 1984, de George Orwell, novela en la cual se introduce la figura del omnipresente Gran Hermano y su policía del pensamiento dedicada a la vigilancia masiva, a la manipulación del lenguaje y la información y a la represión política y social (Ley Patriótica dictada por el gobierno de George Bush); y la película Wag the Dog, en la cual un servicio de inteligencia debe inventar una guerra hasta en sus más mínimos detalles para distraer e influir al electorado de un país sacudido por diversos escándalos (y por supuesto, para cultivar la imagen propia), una tarea canalizada y transmitida a la opinión pública en un estilo periodístico en cuanto a relato e imágenes (sirva de ejemplo la ya mencionada Guerra de Malvinas).

Luego de la fallida invasión en la Bahía de Cochinos (1961), la crisis de los misiles en Cuba (1962) y el asesinato de J. F. Kennedy (1963), asume la presidencia de Estados Unidos Lyndon B. Johnson, elegido mayoritariamente para el periodo 1964-1969 apoyándose en un programa que ampliaba los derechos civiles (acabando con la segregación racial, otorgando el voto a los afroamericanos y legalizando la situación de los inmigrantes). Aun así su política interior se vio empañada por el fracaso de la guerra en Indochina, cuya escalada de violencia fue sustentada en la teoría del dominó (si un país libre cae en poder de los comunistas, todos los países que lo rodean también caerán), y de la cual, en aquella etapa, el Secretario de Defensa Robert McNamara fue un acérrimo defensor. 

Las consecuencias por el hartazgo de la guerra y la deficiente comunicación gubernamental derivó en el denominado síndrome de Vietnam, la crisis social y de los ideales de hegemonía que todavía conservaba el pueblo estadounidense luego de la Guerra de Corea (1950-1953). La derrota y la impotencia fue de tal magnitud que el FBI investiga y persigue a los manifestantes antiguerra. La confianza tardará años en volver con la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), el ascenso del fundamentalismo cristiano y de los telepredicadores con apoyo de los medios masivos de comunicación, un fuerte lobby teocon, la exaltación del simbolismo patrio y la posterior Guerra del Golfo (con transmisión directa de las cadenas televisivas, y de aquí se desprende el rol clave de los medios en apoyo a las políticas estatales).

Fue durante el segundo período de la guerra de Vietnam (1955-1975), que la CIA junto a las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos y Vietnam del Sur, adoptan las tácticas utilizadas por el ejército francés (luego usadas en Argelia), aplicando las doctrinas contrainsurgentes que involucraban el terrorismo y la tortura, las operaciones psicológicas, el uso de pequeños equipos de soldados y grupos armados de la población civil, así como cualquier tipo de acción política, económica y militar con el fin de socavar el régimen de gobierno. 

Al respecto, Estados Unidos desarrolló el Programa Phoenix, que oficialmente operó entre 1965 y 1972, y cuyo objetivo era identificar y neutralizar a aquellas personas, organizaciones y cualquier infraestructura política que estuviera vinculada o apoyara al enemigo. 

La metodología incluía la infiltración, captura, el interrogatorio con tortura para obtener información de inteligencia, la desaparición forzada, el contra-terror y el asesinato selectivo. Estas técnicas también fueron aplicadas por las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos a través del Plan Cóndor (década de 1970), en el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de la Seguridad Nacional, con el objetivo de reprimir a opositores políticos y grupos disidentes.

La OSS u Oficina de Servicios Estratégicos creada en 1942 para actuar en el escenario extranjero (Magreb, Europa meridional, Francia, Indochina), será reemplazada por la Agencia Central de Inteligencia en 1947 como ejecutora de los golpes de Estado y las operaciones psicológicas de desinformación a través de sus grupos de tareas encubiertas (desde Centroamérica e Irán, hasta el U2 y el proyecto MK Ultra sobre el uso de sueros y drogas como el LSD para el control del comportamiento en humanos). 

El golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, encabezado por Augusto Pinochet con apoyo de la CIA, se constituye en un ejemplo de las operaciones encubiertas de la agencia estadounidense llevadas a cabo por sus grupos de tareas. Con el transcurrir del tiempo, otros organismos institucionales como la DEA cumplirán tareas afines en países como Colombia, Venezuela (de la cual fue expulsada por el choque ideológico de ambos regímenes autoritarios), Paraguay y la Triple Frontera, entre otros, bajo la Doctrina de las Nuevas Amenazas.

Con esta ideología o Doctrina de la Seguridad Nacional, Estados Unidos propicia en su área de influencia (América Latina) nuevos Estados dictatoriales bajo su liderazgo y dominio, política de intervencionismo que se programa como un plan sistemático que involucra el entrenamiento de los funcionarios, militares y fuerzas policiales en la Escuela de las Américas con sede en Panamá (y actualmente el Comando Sur) en las estrategias de la guerra sucia, que incluyen la usurpación del poder por las fuerzas armadas, el cese del estado de derecho, el desmantelamiento de estructuras políticas, sindicales y obreras y represión cultural; persecución a los opositores y posibles contactos que los ayuden, operaciones clandestinas, secuestros, torturas, vejaciones y, por último, el asesinato y desaparición de los cuerpos que les quita identidad y deshumaniza a las víctimas, brinda un calculado anonimato al sistema represor e infunde terror en el resto de la ciudadanía, asegurando de esta manera la impunidad del régimen.

Esta violación sistemática de los Derechos Humanos se llevó a cabo bajo la consigna de combatir al enemigo interno, infiltrado por contrapartes ideológicas como la Unión Soviética o Cuba. Otras estructuras actuaron en connivencia y apoyo, como la Iglesia Católica (paradójicamente sostenida por el gobierno federal argentino a través de su Carta Magna), encubriendo la desaparición de cuerpos en fosas comunes o con vuelos de la muerte y el secuestro de hijos para su posterior adopción. La teología de la liberación, su contraparte ideológica, fue perseguida y varios sacerdotes asesinados.

Este intervencionismo, avalado por los gobiernos cómplices, contó con escenarios propicios para la instauración del terrorismo estatal, es decir, los Estados fallidos de la región, aquellos con diversas crisis y conflictos en proceso, corrupción política, altas tasas de criminalidad, inseguridad ciudadana y escaso control territorial con grupos insurgentes activos (Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros, en Argentina; FARC y Ejército de Liberación Nacional, en Colombia; Tupamaros, en Uruguay, Sendero Luminoso, en Perú; Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en Chile; y otros). 

Algunas de estas organizaciones utilizaron la porosidad de las fronteras para movilizarse y, con el transcurso de los años, asimilarse al crimen organizado y un nuevo objetivo: esta vez económico. Tal es el caso de los grupos peruanos y colombianos, a los que se suman las Autodefensas, milicias paramilitares convocadas por el gobierno de Colombia para combatir a las anteriores y actualmente descontroladas. 

Un ejemplo actual lo constituye la guerra contra las drogas y el terrorismo en Brasil, donde el aparato estatal ha llevado las medidas de seguridad hasta el extremo (en zonas rurales y favelas), y donde el ejército y la policía militar son cuestionadas por torturar, apalear y humillar a la población civil, así como de forzar el ingreso a las propiedades sin órdenes judiciales, ejecutar masacres grupales y asesinar concejales. 

La situación es similar en México, cuestionándose el uso de las Fuerzas Armadas en la resolución de conflictos de seguridad interna. Las fuerzas de seguridad chilena, por otro lado, se capacitan en tácticas antiterroristas para controlar a los pueblos originarios (mapuches), mientras organizaciones criminales como el PCC y el Comando Vermelho controlan grandes franjas fronterizas. 

En este contexto de globalización, con fronteras desprotegidas y sin ley, algunos grupos terroristas como Hezbolá, la mayor fuerza política y militar en el Líbano (con apoyo estatal de Irán), han extendido su influencia ideológica en América Latina, estableciendo redes para el reclutamiento de adeptos y actividades ilícitas, contando con una significativa presencia en la región de la Triple Frontera. 

Hezbolá planificó e intervino en los ataques a la Embajada de Israel (1992) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA, 1994) y jugó un papel clave en la guerra civil de Siria al apoyar, junto con Rusia e Irán, al gobierno del dictador Bashar al Assad, régimen que no dudó en utilizar armas químicas contra la población civil dentro de su propio territorio.

Proceso evolutivo y nueva globalización

Con el cambio de paradigma después de la Guerra Fría, la idea del caos constructivo y la Doctrina de las Nuevas Amenazas, Estados Unidos no ha dejado de ejercitar el poder blando (basado en la comunicación y la influencia a través de los medios culturales e ideológicos), pero ha enfatizado la senda del poder duro, es decir, la coacción, las amenazas y el autoritarismo, instaurando bases de operaciones militares en decenas de países, difuminando las fronteras y logrando un amplio despliegue de fuerzas en distintos escenarios y forzando conflictos asimétricos. Otra flagrante violación a los Derechos Humanos y leyes internacionales es Guantánamo. 

Luego de los atentados del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, que habilitó al gobierno de George Bush a declarar, a partir de una visión geoestratégica mesiánica de raigambre populista, la guerra total contra el terrorismo global (campaña que incluyó la desinformación y el ocultamiento) y, en un viraje totalitario, anular garantías constitucionales y dictar la ley Patriótica, constituyéndose una extensa y sofisticada red de espionaje electrónico, se suman las invasiones a Irak y Afganistán (donde otrora equipó a los talibanes, y estos a su vez apoyaron el surgimiento de Al-Qaeda), con la excusa de restaurar el orden democrático. Política unilateral que viola la soberanía territorial de otros países con el aval de un nuevo dogma: la doctrina del ataque preventivo. Se opondrá a esto una mayor radicalización yihadista a partir del surgimiento de Estado Islámico y su expansión territorial, interviniendo en el complejo entramado de la guerra en Siria, al igual que otros países como Turquía, que ejerce el terrorismo contra la población kurda. O también Rusia, que actúa en connivencia con organizaciones paramilitares en su zona de influencia.

Entre otros ejemplos, Israel se constituyó a través del terrorismo (Irgún, Haganá) y lo ejerció como Estado a través de operaciones clandestinas de secuestro y asesinato selectivo (entre otras, la Operación Garibaldi o la caza a los miembros de Septiembre Negro), migrando hacia los territorios conquistados y estableciendo asentamientos de colonos y áreas religiosas con tácticas represivas. Como respuesta a este estatus de potencia ocupante se intensificó el nacionalismo palestino con organizaciones estatales y terrorismo suicida (OLP, Al Fatah, con una política laica en Cisjordania, y el integrismo de Hamás ocupando la Franja de Gaza). 

Otros ejemplos que exceden este breve análisis pueden situarse en los Balcanes y la disolución de Yugoslavia, en los territorios en disputa de África, en el Irak de Sadam Husein, en la China de Mao o en el Irán teocrático de Jomeini y la Revolución Islámica, así como en la tiranía de Trujillo en República Dominicana o el Haití de los Duvalier y su policía de Estado (los Tonton Macoute, aún peores que la Gestapo), su uso doctrinario del sectarismo vudú y el apoyo de Estados Unidos.


Fuente: elordenmundial.com (clicar en la imagen para ampliar).


Fuente: vtactual.com (clicar en la imagen para ampliar).


Clarín, edición del 7 de marzo de 2018 (clicar en la imagen para ampliar).


La Organización de Voluntarios para la Seguridad Nacional, o Tonton Macoute, cuyo nombre se traduce como "hombres de la bolsa", constituía una notoria milicia que operaba como fuerza policial represiva bajo el régimen de los Duvalier en Haití desde 1957 hasta 1986. 
Durante este período, se estima que la organización fue responsable de decenas de miles de asesinatos, torturas y extorsiones. Se caracterizaban por el uso de machetes, anteojos oscuros y extrema violencia.
Algunos de sus líderes eran también practicantes de hechicería vinculados a las prácticas mágicas del vudú, un culto sincrético que combina elementos de la brujería africana y la liturgia cristiana, mediante el cual ejercían poder y manipulaban el temor de la población.


Miembro de los Tonton Macoute con su uniforme.


Muerte de Fidel Castro, líder guerrillero marxista secundado por Ernesto Guevara. Gobernó Cuba durante casi 50 años. 
Sobrevivió a la invasión de la Bahía de Cochinos organizada por la CIA y a la crisis desatada con Estados Unidos por los misiles nucleares soviéticos instalados en la isla. 
Según el diario La Razón (España, 27/11/2016), dejó una herencia de 7.365 asesinados, 20.000 presos políticos y 2.500.000 de exiliados.


Un soldado francés con prisioneros argelinos. 

Durante la guerra de Argelia (1954-1962) el Frente de Liberación Nacional luchó contra las tropas coloniales francesas que ocupaban el país desde 1830. Durante el conflicto, se utilizaron tácticas de contrainsurgencia basadas en las ideas del Coronel Roger Trinquier, autor de La guerra moderna, y que derivaron en crímenes de lesa humanidad denunciados por la prensa. 

Bibliografía
  • Campos, Mauricio Javier (2024), Criminales, narcos y terroristas, Editorial Autores de Argentina.
  • Domenach, Jean-Marie (1962), La propaganda política, EUDEBA.
  • Hastings, Max (2016), La guerra secreta, Crítica,
  • Laqueur, Walter (2003), Una historia del terrorismo, Paidós.
  • Packard, Vance (1971), La sociedad desnuda, Editorial Sudamericana.
  • Pizarroso, Alejandro (1990), Historia de la propaganda, EUDEMA.
  • Rubin, Sergio (2018), Dictadura, la Iglesia entrega actas de bautismo, Clarín.
  • Trinquier, Roger (1981), La guerra moderna, Ediciones Cuatro Espadas.
  • Weiner, Tim (2008), Legado de Cenizas. La historia de la CIA, Debate.

9 de abril de 2026

Geopolítica de la violencia


Geopolítica de la violencia.
(Imagen: idea del autor generada con IA).

I
El imaginario social de la violencia


Operativo antidrogas en una favela brasileña.

“No se puede limpiar el mundo con las manos sucias”. 
Raymond Shaw, personaje de la película El embajador del miedo (2004).

La seguridad objetiva y la seguridad subjetiva

Siendo la seguridad un bien jurídico (valor humano protegido por la ley), y viviendo en una sociedad de riesgo, donde las personas son pasibles de ser víctimas, hay dos posibles abordajes del tema con sus respectivas diferencias:

La seguridad objetiva, que se apoya en la elaboración de un índice de actos delictivos, expresado en cifras exactas, y compuesto con datos medibles (encuestas, registros de denuncias e ingresos en fiscalías) que aportan un panorama real de la criminalidad (una imagen de certeza sobre los niveles de seguridad o inseguridad de la zona relevada), contribuyendo a crear mapas del delito, con el objetivo, entre otros, de identificar perfiles de víctimas y victimarios, de diseñar políticas criminales y estrategias preventivas. Las encuestas de victimización son cruciales para determinar las cifras ocultas del delito.

La seguridad subjetiva, por otro lado, está basada en la percepción del delito y las amenazas, generada a partir de los sentimientos propios que pesan sobre el individuo y la sociedad. NO está sustentada en datos o cifras comprobables, sino en la sensación de tranquilidad y/o desasosiego, según el contexto social y las diversas influencias (prejuicios, desconfianza, información distorsionada), ante la posibilidad de convertirse en víctima o sufrir un daño.

La violencia y el temor a ser víctima

El término violencia en sentido estricto indica el uso excesivo de la fuerza o abuso del poder, a nivel físico y/o psicológico, de un agresor, con la intención de imponer situaciones a otros (coaccionar), doblegar la voluntad de la víctima y provocar un daño. Esta concepción resulta medible, permite identificar eventos, actores (agresores/víctimas), y asignar culpas y responsabilidades, conveniente desde la perspectiva policial y judicial.

En un sentido más amplio, puede decirse que la violencia está ligada al entorno cotidiano, el colectivo social y la cultura en general. Cuenta también con raíces históricas que pueden apreciarse en estructuras de dominación impuestas, por ejemplo, en lo político, racial o patriarcal. La manifestación de la violencia en tan diversos contextos implica, desde esta perspectiva, una relación social y un sometimiento o negación del “otro”, visto como un objeto a explotar, ignorar, estigmatizar, etc. Una situación que se presenta compleja para el diseño de políticas públicas y la solución de problemas de fondo.

En la ya mencionada sociedad del riesgo, donde la violencia en sus distintas expresiones yace en estado latente, siempre a punto de manifestarse en algún conflicto, prima la desconfianza hacia las distintas instituciones (policiales, judiciales, penitenciarias), y el miedo hacia el entorno y el semejante (“el otro”). Alejada de las probabilidades sustentadas a través del estudio y evaluación de distintas variables, esta percepción de la amenaza inminente sobre la propia persona, sus bienes, etcétera, y el conflicto emocional que trae aparejado, contribuyen a generar una cultura del miedo. Se impone la preocupación y ansiedad por una situación de violencia NO consumada, donde se enquista y persiste la idea exagerada de convertirse en víctima.

El sentimiento de inseguridad

Sobre la ya mencionada cultura del miedo convergen diversos factores, siendo el de mayor peso la influencia de los medios masivos de comunicación y su agenda (o línea editorial), con el objetivo de movilizar a la opinión pública. Puede decirse que el sentimiento de inseguridad, nicho muy lucrativo para explotar en los últimos años, es una CONSTRUCCIÓN SOCIAL, impulsada por una agenda interesada en ampliar y distorsionar la incidencia de delitos aislados y explotar casos de alto impacto, exagerando la ola de violencia, generando pánico en la población y afectando a todo el colectivo social.
 
Esta manipulación de la información, seleccionada según intereses creados (entre otros, el aumento de audiencia), y con capacidad de excluir o darle mayor o menor relevancia a las noticias, desencadena cambios de hábitos perjudiciales para el desarrollo pleno de la vida de las personas, sometiéndolas al aislamiento de su entorno y estados de ánimos variables, instalándose el malestar, la hostilidad (ira, indignación), el humor volátil y la discriminación. 

En síntesis, la sensación de impotencia y vulnerabilidad que surge en el individuo (sentimiento de inseguridad) disminuye su calidad de vida y lo incita a la violencia cotidiana (por ejemplo, en los casos de justicia por mano propia), y se extiende e impulsa el consenso social masivo, que exige medidas cada vez más extremas como, por ejemplo, políticas más punitivas.

Las consecuencias psicosociales del miedo

Las consecuencias del miedo al delito y todo lo asociado al peligro (aún sin conexión con hechos reales o concretos), incluyen, aparte de la ya mencionada exigencia en soluciones cada vez más punitivas, “mano dura” o endurecimiento de penas, otras situaciones aparejadas a la idea de que cualquiera está expuesto a ser víctima, en cualquier momento, sin poder preverlo ni evitarlo.

A la mayor participación ciudadana impulsada por el Estado en los últimos años (foros vecinales), se suma la injerencia de los grupos de presión con intereses políticos y territoriales (votos) y la construcción de un relato tergiversado desde los medios masivos de comunicación, con el objetivo de explotar el rol más activo de la población, estimulando las manifestaciones de disconformidad con el sistema institucional.

Se manipula la queja contra las políticas públicas, una legislación que se señala como permisiva e ineficaz y un accionar deficiente de las fuerzas de seguridad. Se alienta una radicalización de las posturas (intolerancia), se profundiza la fragmentación y segregación urbana, la jerarquización de la ciudadanía y la inequidad.

Se estigmatiza a las clases sociales pobres y sin voz para legitimar sus reclamos y necesidades, excluyendo también a los jóvenes de estos sectores populares, vistos como un grave factor de riesgo, identificados con la vagancia, las pandillas y el fenómeno narco.

La sociedad se desinteresa por los grupos marginales y condiciona el accionar del Estado para que prescinda de su obligación de garantizar los derechos de toda la ciudadanía, desestimando las políticas inclusivas y apelando a la represión.

Por otro lado, dentro de los espacios de participación ciudadana (foros y consejos vecinales), no se debaten políticas de fondo, sino temas coyunturales y casos puntuales de violencia que refuerzan el temor al delito y el sentimiento de inseguridad. Según las experiencias, se observa una baja participación vecinal, una escasa representatividad y cohesión social, así como la incapacidad de ampliar la convocatoria.


Militante de izquierda con un mortero casero, en los incidentes entre manifestantes y la policía, en protesta por la reforma de la ley previsional de 2017 (Reuters/La Nación, edición del 11 de agosto de 2021).

Las crisis sociales pueden desencadenar actos de terrorismo de baja intensidad, caracterizados por actos violentos perpetrados por individuos o pequeños grupos que emplean armas caseras, artefactos explosivos improvisados o tácticas simples, frecuentemente planificados sin una estructura organizativa compleja. Este fenómeno se basa en la utilización de materiales cotidianos y armas de fabricación casera para infundir terror.
II
Terrorismo

Militantes de Hamás o Resistencia Islámica pro Palestina en la Franja de Gaza.

"El objetivo principal de la guerra moderna es el control de una población, y el terrorismo constituye entonces el arma más apropiada para ello, ya que va dirigido directamente a sus habitantes. En la calle, en el trabajo, en sus casas, los ciudadanos viven, bajo el terrorismo, en una constante amenaza de morir violentamente. 
Lo que caracteriza al terrorismo y le hace aparecer como un arma de extraordinaria fortaleza, es la matanza que generalmente provoca entre la gente indefensa" (Coronel Roger Trinquier, La guerra moderna,1962).

Breves antecedentes

Sobre el terrorismo de origen divino y confesional, en el Antiguo Testamento hay continuas citas y referencias a la ira de Dios. Una característica común a las tres religiones monoteístas y salvíficas. “La idea de un Dios único, majestuoso y amedrentador, puede servir para interpretar y entender ciertos tipos de sociedades patriarcales y monárquicas antiguas. También en las religiones primitivas, en las que se señala la existencia de imágenes amedrentadoras y horribles de las divinidades” (Caro Baroja, Julio). Para el historiador Pablo Allegritti (Las redes secretas del poder, 2009), “los jefes tribales se han servido de acciones encubiertas dentro de poderosas fraternidades étnicas o sociedades reguladoras”.

En el judaísmo destacan los zelotes, facción nacionalista opositora a la ocupación romana que utilizaba como vehículo de lucha el asesinato y unas dagas o espadas cortas llamadas “sicas”. Su rebelión está vinculada a la destrucción de la fortaleza de Masada. Según el Diccionario de Religiones (Royston Pike, 1960), “hacia la época de Cristo, esta secta judía formaba el ala izquierda de los fariseos; sostenían que el reino del Mesías debería ser establecido por la fuerza”.

En el islam, existe el concepto de la pequeña yihad, es decir, la lucha contra los apóstatas o yahiliya (paganismo). Hacia los siglos X y XIII cobra notoriedad la denominada secta de los asesinos, sicarios y mercenarios consumidores de hachís y que ocupaban amplias zonas de Siria e Irak, así como más tarde la sociedad secreta de los thugs o estranguladores en la India.

Sostiene el Diccionario de Religiones con respecto a los asesinos:

“Asesinos” (árabe, hashashin, “el que toma haxix”). “Sociedad secreta surgida dentro de una secta del Islam, que fue fundada en Persia hacia 1090. El rasgo más destacado de esta sociedad era el asesinato de sus enemigos a manos de hombres fanatizados por medio del haxix (estupefaciente hecho de cáñamo); así, sembraron el terror en Siria y Persia”.

“El jefe supremo era el llamado Viejo de la Montaña, a cuyas órdenes estaban los grandes priores o gobernadores provinciales, los priores o misioneros, los iniciados y los fedais o devotos, que no estaban instruidos en los misterios y eran los encargados de llevar a cabo los asesinatos. El último escalón de la jerarquía lo ocupaban los novicios y la masa del pueblo. 

El último Viejo de la Montaña fue derrotado por los mongoles, que destruyeron sus castillos y su secta y lo condenaron a muerte en unión de doce mil de sus seguidores (1256). La secta subsistió en Siria, pero por último fue dispersada por las tropas del sultán mameluco de Egipto”. 

Señala el Diccionario de Religiones con respecto a los thugs:

“Confederación o fraternidad de asesinos profesionales que floreció en la India por espacio de varios siglos hasta que fue finalmente destruida por el gobernador general de la fuerza colonial británica entre 1828 y 1835. 
Los thugs eran adoradores fanáticos de la gran diosa Kali (la mujer negra, diosa hindú de la muerte y la destrucción, manchada de sangre con una cadena de cráneos en su cuello y cintura y cadáveres colgando de sus orejas. Danza sobre el cuerpo de un muerto; pero también es diosa de la creación y la fecundidad). 
Sus crímenes eran realizados como un deber religioso, ofreciendo a la diosa una parte considerable del botín. Ordinariamente viajaban en cuadrillas de diez, cien o aún de doscientos; el método de asesinato que preferían era la estrangulación con un pañuelo o con una cuerda. Después de despojar el cadáver, le daban sepultura religiosa”.

Años después, sostenía Walter Laqueur (Una historia del terrorismo, 2003), que el ineficaz terrorismo indio era una mezcla de tradiciones propias e influencias occidentales y que “los jóvenes patriotas eran hindúes ortodoxos que despreciaban a los políticos reformistas que, según decían, violaban los principios religiosos”. En sus manifiestos amenazaban con derramar en la tierra la sangre de sus enemigos, no solo británicos sino también musulmanes.

“Normalmente el robo y la pertenencia a bandas de ladrones se consideraban crímenes, pero se justificaba la destrucción —en consecución— del bien más elevado: se trataba de una obra de mérito religioso. 

El asesinato de extranjeros no era pecado sino jagna, un sacrifico ceremonial. 

Las bombas debían confeccionarse en secreto y había que importar del extranjero las armas de fuego, para que las personas de Occidente vendiesen por dinero su propia patria”.

Los líderes invocaban a la diosa Kali en los discursos patrióticos: “somos todos hindúes e idólatras” y no se avergonzaban por decirlo. Comparaban las bombas a las fórmulas sagradas, a la magia y a los amuletos. Estos líderes y sus discípulos se opusieron al pacifismo y al elemento universalista (al que consideraban una comedia) de la religión hindú. Uno de ellos asesinó a Gandhi en 1948.

Con respecto al Cristianismo, hay una oposición con el paganismo y las doctrinas alternativas o heréticas, una estrategia propagandística de Pablo de Tarso para la conversión y luego una absorción de dicho paganismo a partir del Concilio de Nicea y la adopción oficial de la fe cristiana como religión del Imperio Romano.

Luego, la doctrina de la Iglesia da origen a la Inquisición, al terrorismo ideológico, a la persecución de la divergencia (por ejemplo, los cátaros y albigenses), o la caza de brujas. 

Durante la Contrarreforma surge el concepto de propaganda para contrarrestar las ideas de Lutero y otros reformistas. Resultan relevantes los seminarios de Michel Foucault sobre la figura político-religiosa del Buen Pastor y su vinculación con algunas sociedades secretas. Estas divergencias dieron origen a numerosas guerras y a matanzas como la de San Bartolomé en Francia (1572), durante la cual fueron masacrados varios miles de hugonotes.

Con respecto al terrorismo político, es posible mencionar la Revolución Francesa y destacar el período jacobino (septiembre de 1793 hasta julio de 1794), el uso de la guillotina, la creación del Culto a la Razón patrocinado por el Estado, destinado a reemplazar al catolicismo (clero y crucifijos), y la caída de Robespierre (aquí se puede trazar un paralelismo con regímenes contemporáneos como los implantados por Hitler, Stalin, Mao, Franco o Mussolini, por ejemplo). 

En 1807 surge en Nápoles otro grupo insurrecto, los carbonarios. En su versión italiana era una secta política y religiosa que tenía por objeto la independencia de Italia y la reforma de la Iglesia. Cita Walter Laqueur parte de su juramento:

“La cruz ha de servir para crucificar al tirano que nos persigue y perturba nuestras sagradas operaciones. La corona de espinas ha de servirnos para perforar su cabeza. El cordón simboliza la soga con la que hemos de llevarlo al patíbulo: la escalera le ayudará a subir hasta él. Las hojas son clavos con los que perforar sus manos y sus pies. La piqueta se hundirá en su pecho y derramará la impura sangre que corre por sus venas. El hacha separará del cuerpo su cabeza, como a un lobo que trastorna nuestras pacíficas labores. La sal evitará la corrupción de su cabeza, para que pueda perdurar en calidad de monumento a la eterna infamia de los déspotas”.

Otros autores también señalan el período crucial de 1867-1868 de la Restauración Meiji contra el Shogunato (gobierno militar de los señores feudales) en Japón. También la pos Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865) y el surgimiento del Ku Klux Klan. El investigador David Rapaport (Las cuatro oleadas del terrorismo moderno, 2004) va a fijar una cronología de oleadas terroristas a partir del anarquismo a fines del siglo XIX.

Evolución histórica del terrorismo en oleadas 

  • Anarquistas y nacionalistas del siglo XIX: surgió en Rusia hacia fines del siglo XIX en la época despótica de los zares y se extendió rápidamente. Su acción propagandística destacaba por el uso del telégrafo, los panfletos y periódicos, así como también por el uso de explosivos. 
  • Terrorismo anticolonial en el siglo XX: surgió a principios del siglo XX. Destaca en aquella época el Ejército Republicano Irlandés o IRA fundado por Michael Collins, y ya en la décadas de 1940-1950, la guerrilla liderada por Ho Chi Minh y surgida de la alianza entre comunistas y nacionalistas en el contexto de la guerra de Indochina con el objetivo de independizarse de Francia.
  • Ideologías de izquierda y etnoseparatistas: surgió en las décadas de 1960 y 1970. Aquí se encuadran las diversas guerrillas latinoamericanas (FARC, Sendero Luminoso, Montoneros, Tupamaros), grupos como la OLP (1964) o Septiembre Negro (1970) en Medio Oriente y, ya en Europa, ETA o País Vasco y Libertad (1958-2018), Baader-Meinhof o Fracción del Ejército Rojo en Alemania (1970-1998) y las Brigadas Rojas italianas (1969- 1987).
  • Terrorismo religioso y fundamentalista: de la cual el yihadismo es su peor exponente, sobre todo en la evolucionada variante del ataque suicida. Puede situarse la ascendencia de esta tipología terrorista en el surgimiento de los movimientos islamistas del siglo XIX y, más actualmente, en la OLP u Organización para la Liberación de Palestina, creada por Yasir Arafat en 1964 como reacción al nacimiento del Estado de Israel. Otros: Sociedad de los Hermanos Musulmanes, Hamás, Hezbolá (chií, Irán), Al-Qaeda y Estado Islámico.

Ideas asistemáticas 

"Se señaló que unos cuantos terroristas de la época padecían epilepsia, tuberculosis y otras enfermedades. Lombroso vio un vínculo entre el lanzamiento de bombas y la pelagra y otras carencias vitamínicas presentes en las personas del sur de Europa que se alimentaban a base de maíz. 

Otros detectaron un vínculo con la sobreexcitación nerviosa general de la época, que también se manifestaba en un individualismo exagerado y en la difusión de una literatura decadente. 

Se investigó la conexión entre el terrorismo y la presión barométrica, las fases de la luna, el alcoholismo y la sequía, y se pusieron muy de moda las mediciones de los cráneos de los terroristas” (Walter Laqueur, Una historia del terrorismo).

El caso japonés

Dentro de la categoría religiosa/fundamentalista podría incluirse también a la secta apocalíptica Verdad Suprema, creada en los años 80 por un líder japonés “iluminado” y que llegó a contar en su apogeo con decenas de miles de miembros, exigiendo de estos altos estándares de vida social, profesional y económica.

Esta organización espiritual y religiosa mezclaba creencias hindúes, budistas y proféticas de extracción cristiana. Este culto apocalíptico, según BBC News (2016), “se volvió más violento, secuestrando, hiriendo y matando a sus rivales, incluso utilizando agentes químicos y biológicos en algunos ataques”. Ejemplo de esto, lo constituye el ataque al metro de Tokyo llevado a cabo en 1995, cuando varios miembros del grupo liberaron gas nervioso sarín provocando la muerte de 12 personas y varios cientos de heridos. También existieron otros intentos fallidos de ataque.

Varios de sus miembros fueron condenados a muerte. Actualmente esta secta está dispersa en pequeñas agrupaciones, aunque siguen siendo considerados peligrosos y continúan bajo estricta vigilancia.

Conclusión y características

No existe una definición consensuada sobre el terrorismo, pero este se caracteriza por llevar a cabo actos violentos con la intención de producir daños humanos y materiales sin distinción de categorías, ejecutados por grupos, individuos y Estados que hacen uso sistemático del terror y su propaganda para impactar en el imaginario colectivo, intimidar a la sociedad y forzar reacciones políticas en pos de sus objetivos, que abarcan un amplio espectro de creencias, ideologías o doctrinas.

  • Objetivo: violencia política: El terrorismo busca influir en las decisiones políticas a través del miedo y la violencia. 
  • Ideología extrema: Los grupos terroristas creen firmemente en una ideología que justifica el uso de la violencia como medio para alcanzar sus objetivos.
  • Ataques indiscriminados a civiles: Los ataques terroristas buscan causar miedo y daño, sin importar quiénes sean las víctimas.
  • Impacto psicológico o propaganda: Los actos terroristas buscan sembrar el terror y la incertidumbre en la población y afectar la estabilidad y seguridad del Estado.


Gráfico del autor. Clicar en la imagen para ampliar.

El terrorismo global islamista pos Guerra Fría, apoyado en las innovaciones de la cultura digital,  presenta una estructura difusa, adeptos masivos, extrema violencia, conflictos asimétricos y objetivos trasnacionales. 

III
Crimen organizado transnacional


Miembros del Comando Vermelho en Brasil.

"El abuso de drogas es una de las fuerzas más viciosas y corrosivas que atacan los cimientos de la sociedad estadounidense actual. Es la mayor causa de crimen y un despiadado destructor de vidas humanas. Debemos luchar con todos los recursos a nuestro alcance. Esta administración ha declarado una guerra mundial total contra la amenaza de las drogas" (Richard Nixon, en el año de creación de la DEA, 1973).

Breves antecedentes

Desde la antigüedad ha existido un modelo de delito constante y tradicional vinculado al robo, la violación, la extorsión, el saqueo, el asesinato y otros ilícitos. Al respecto, resulta estéril la tarea de intentar vincular la actividad delictiva de algunos grupos aislados o de actuación circunstancial en la historia al, sin duda, actual concepto (surgido en las primeras décadas del siglo XX) de crimen organizado.

En el período que se extiende entre 1830 y 1860, y durante las llamadas Guerras del Opio, con el intervencionismo de Gran Bretaña y Francia, China sufre una grave crisis social producto de la introducción de la droga proveniente desde la India, y que permitió a los británicos paliar el déficit comercial que tenía con el país asiático. Al igual que sucedió con Japón, las potencias occidentales obligaron a la apertura de los puertos chinos al comercio y es en este período que se produce la anexión de Hong Kong en 1842.

Al margen de organizaciones como la Yakuza y las Tríadas, el concepto moderno de crimen organizado se empieza a gestar a principios del siglo XX en Estados Unidos con la promulgación de leyes prohibitivas contra el opio y los narcóticos (Ley Harrison), la Ley Seca (1919) y el afianzamiento del contrabando, el surgimiento del FBI y la controvertida figura de J. Edgar Hoover.

En los años 40 surge la Cosa Nostra, organización criminal vinculada a la mafia ítaloamericana y se consolida el poder de las cinco familias del crimen de Nueva York: los Bonanno, los Colombo, los Gambino, los Genovese y los Lucchese. En los años 60 se produce un incremento en el tráfico de drogas.

Otros puntos de inflexión lo constituyen la ley RICO (1970) de chantaje civil, influencia y organizaciones corruptas y la creación de la DEA en 1973.

Durante las décadas del 70 y 80 aumentan su poder e influencia los grandes carteles de la droga en Colombia (Cali y Medellín, este último encabezado por Pablo Escobar) y, en México, Félix Gallardo, el cartel de Guadalajara y sus sucesores (los carteles de Tijuana, Sinaloa, Juárez y del Golfo).

En la posguerra fría, eclosionan de forma violenta la mafia rusa y las de los países balcánicos, surgidas en un contexto de Estados fallidos y de un nuevo proceso de globalización, en el que la ciberdelincuencia juega un papel crucial. Con el ciberdelito han surgido nuevas modalidades delictivas y se han perfeccionado otras. El crimen organizado alcanza su punto más alto en sus operaciones a nivel transnacional, expandiendo sus redes y creciendo en versatilidad.

Tatuajes, ritos de sangre, códigos de silencio, juramentos de lealtad al grupo, a los santos o la deidad son el sello de identidad y secretismo de las mafias y organizaciones criminales. En las últimas décadas se ha extendido en el ámbito de la narcocultura el culto a la Santa Muerte, una especie de espiritualidad asociada al estilo de vida y las muertes brutales a las que están sujetos los miembros de estos grupos criminales, incluidos rituales y prácticas extremas de canibalismo entre bandas rivales, como se ha dado el caso entre algunos carteles mexicanos. Constituye un aditamento sectario que transgrede la moral imperante en la sociedad y el Estado al cual le disputan territorialidad y espacios de poder.

Conclusión y características 

El crimen organizado se caracteriza por la comisión de delitos graves, tales como la trata de personas, el tráfico de armas, drogas y tabaco, el blanqueo de capitales, la pornografía infantil, el secuestro, la extorsión y la minería ilegal, entre otros.

Diversos organismos internacionales, como Interpol, la Organización de las Naciones Unidas (en particular, la Convención de Palermo o Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, 2003) y la Unión Europea, han establecido indicadores comunes que permiten definir a una organización criminal. Entre dichos indicadores se destacan: la participación o colaboración de al menos tres personas; la realización de actividades ilícitas o la comisión de delitos graves de manera sostenida en el tiempo; la búsqueda de beneficios de índole social, material y económica, así como la obtención de poder; la existencia de una estructura organizativa con división de funciones y asignación de roles específicos; la presencia de un orden jerárquico, junto con mecanismos de disciplina y control interno; la capacidad para operar a nivel transnacional; la utilización de estructuras comerciales o empresariales como fachada; el empleo de la violencia, la coacción y otros métodos de intimidación; y la capacidad de influir en diversos ámbitos mediante actos de corrupción y operaciones vinculadas al blanqueo de capitales o lavado de activos.



Gráfico del autor. Clicar en la imagen para ampliar.

La evolución y actualidad del narcoterrorismo pos Guerra Fría se caracteriza por el despojo de las ideologías en pos de intereses económicos, el surgimiento de organizaciones híbridas y la capacidad de innovación y adaptabilidad.


Operativo antidrogas en Brasil.


Publicado por DW

La corrupción y la violencia extrema ocasionan el colapso de las diversas estructuras estatales, desde los sistemas penitenciarios y forenses hasta las morgues.

IV
Relación entre terrorismo, narcotráfico y crimen organizado transnacional

El terrorismo se diferencia por su carga ideológica y meta política de conquistar el poder, características de las cuales está exento el crimen organizado tradicional cuyo objetivo fundamental es el lucro económico. Por el contrario, el terrorismo se involucra en actividades delictivas para el financiamiento de sus causas.

Coinciden el narcotráfico y el terrorismo en que desafían y debilitan la autoridad del Estado y sus leyes. Dañan las instituciones democráticas y el estado de derecho.

Estos fenómenos se revitalizan constantemente y nuevas estructuras y organizaciones híbridas han surgido en una realidad de crisis económica global y escasez presupuestaria para enfrentarlas.



Pandilleros de Haití.