29 de junio de 2026

El crimen organizado transnacional: expansión, corrupción y violencia extrema


La temible Mara Salvatrucha o MS13. De una pandilla callejera de jóvenes exiliados en Estados Unidos por la guerra civil en Centroamérica, actualmente es una de las organizaciones delictivas transnacionales más peligrosas, con amplia influencia en El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, entre otros países. Varios de sus líderes han sido condenados por narcoterroristas. Los ritos de iniciación incluyen golpizas y el asesinato de algún miembro de pandillas rivales. Las mujeres son sometidas a vejámenes sexuales. Actualmente muchos de sus miembros han dejado de utilizar sus característicos tatuajes para evitar a las autoridades. 

Tatuajes, ritos de sangre, códigos de silencio, juramentos de lealtad al grupo, a los santos o la deidad son el sello de identidad y secretismo de las mafias y organizaciones criminales. En las últimas décadas se ha extendido en el ámbito de la narco-cultura el culto a la Santa Muerte, una especie de espiritualidad asociada al estilo de vida y las muertes brutales a las que están sujetos los miembros de estos grupos criminales, incluidos rituales y prácticas extremas de canibalismo entre bandas rivales, como se ha dado el caso entre algunos carteles mexicanos. Constituye un aditamento sectario que transgrede la moral imperante en la sociedad y el Estado al cual le disputan territorialidad y espacios de poder.

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Conceptualización

El crimen organizado transnacional constituye un fenómeno delictivo complejo caracterizado por la actuación de estructuras criminales estables que operan más allá de las fronteras nacionales, persiguen beneficios económicos mediante actividades ilícitas y recurren de forma sistemática a la violencia, la corrupción y el blanqueo de capitales para garantizar su funcionamiento, expansión y permanencia.

Diversos organismos internacionales, entre ellos Interpol, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de la Convención de Palermo contra la Delincuencia Organizada Transnacional, y el Consejo de Europa, han identificado una serie de características comunes que permiten reconocer a una organización criminal.

Con el propósito de determinar si una actividad delictiva puede calificarse como delincuencia organizada, la Unión Europea adoptó durante años un conjunto de once indicadores de referencia, de los cuales debían verificarse al menos seis. Dichos indicadores son los siguientes: 1) participación o colaboración de varias personas (al menos tres individuos); 2) comisión de actividades ilícitas o delitos graves; 3) continuidad de la actividad delictiva en el tiempo; 4) búsqueda de beneficios económicos o materiales, así como de poder e influencia; 5) existencia de una estructura organizativa con distribución de funciones y tareas; 6) presencia de jerarquía, disciplina y mecanismos de control interno; 7) capacidad para desarrollar operaciones de alcance transnacional; 8) utilización de estructuras comerciales o empresariales; 9) empleo de la violencia, la coacción u otros métodos de intimidación; 10) capacidad para ejercer influencia mediante prácticas corruptas; y 11) realización de operaciones de blanqueo de capitales (lavado de activos).

De estos indicadores, los cuatro primeros eran considerados esenciales, mientras que, de los siete restantes, debían concurrir al menos dos más para considerar configurada una organización criminal.

Contexto: la nueva etapa del crimen organizado

Más allá de las mafias tradicionales —las organizaciones italianas e italoamericanas, la yakuza japonesa y las triadas chinas—, el final de la Guerra Fría marcó el surgimiento de una nueva etapa para el crimen organizado. Durante la década de 1990, la desintegración de la Unión Soviética y los profundos procesos de transformación política, económica y social en Europa Oriental y los Balcanes favorecieron la expansión de poderosas organizaciones criminales provenientes de Rusia y otros países de la región. La debilidad institucional de numerosos Estados, e incluso la aparición de Estados fallidos y señores de la guerra en determinados escenarios, generó condiciones propicias para su desarrollo.

Paralelamente, los carteles del narcotráfico de Colombia y México experimentaron una profunda evolución organizativa. Desde la década de 1980, estas estructuras criminales han demostrado una notable capacidad de adaptación e innovación con el propósito de sobrevivir a la presión estatal, diversificar sus actividades ilícitas y ampliar su influencia sobre distintos sectores sociales, económicos e institucionales.

La globalización, junto con los avances en el transporte, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información, contribuyó a profundizar la dimensión transnacional del crimen organizado. La expansión de internet, la telefonía móvil y las redes digitales permitió a las organizaciones criminales operar con mayor rapidez, flexibilidad y alcance geográfico, facilitando la coordinación de actividades ilícitas a escala global.

En este contexto adquirió creciente relevancia la ciberdelincuencia, una modalidad que ofrece importantes ventajas operativas para los delincuentes debido a la posibilidad de actuar a distancia, reducir su exposición física y dificultar la identificación de los responsables. Surgió así una nueva categoría de actores especializados en delitos informáticos, mientras que las organizaciones criminales comenzaron a utilizar de forma sistemática espacios como la Deep Web y la Dark Web, así como diversos mecanismos de pago digital y criptoactivos para realizar transacciones ilícitas, ocultar identidades y facilitar el movimiento de fondos.

Las transferencias electrónicas y las nuevas tecnologías financieras también ampliaron las posibilidades para el blanqueo de capitales. Al mismo tiempo, surgieron nuevas modalidades delictivas o se perfeccionaron otras ya existentes, entre ellas el secuestro virtual, el fraude informático, la clonación de tarjetas de crédito, el tráfico de datos personales, el ransomware y la falsificación digital de documentos.

Como resultado de estos procesos, el crimen organizado contemporáneo ha alcanzado niveles inéditos de proyección internacional, diversificando sus actividades, ampliando sus redes de cooperación y aumentando significativamente su capacidad de adaptación frente a los esfuerzos de prevención y represión estatal.

América Latina: crimen organizado y nuevas amenazas

Las nuevas modalidades operativas del crimen organizado transnacional también se han consolidado en América Latina. Estas estructuras criminales conviven con otras fuentes de inestabilidad regional, entre ellas el crecimiento acelerado de grandes áreas urbanas, los elevados índices de violencia, las migraciones forzadas, la debilidad institucional y la existencia de extensas fronteras de difícil control. Tales condiciones favorecen la circulación de personas, mercancías y capitales ilícitos, permitiendo a las organizaciones criminales ampliar su radio de acción y diversificar sus actividades.

La agenda delictiva regional es cada vez más compleja. A las tradicionales actividades vinculadas al narcotráfico se suman el tráfico ilícito de armas, la trata y el tráfico de personas, el blanqueo de capitales, la explotación sexual de menores, el secuestro, la extorsión, los delitos medioambientales, la minería ilegal, el contrabando y diversas modalidades de ciberdelincuencia. Asimismo, continúan operando estructuras altamente violentas, como las maras centroamericanas, junto con organizaciones criminales originadas en Colombia, México, Brasil y Venezuela, cuyas redes se han expandido progresivamente por buena parte del continente.

Entre las principales amenazas destaca el narcotráfico. Los mayores productores mundiales de cocaína se encuentran en Sudamérica, particularmente en Colombia, Perú y Bolivia, mientras que Paraguay se ha consolidado como uno de los principales productores regionales de cannabis. Paralelamente, el mercado de las drogas sintéticas ha experimentado un notable crecimiento durante las últimas décadas. Sustancias como el fentanilo, un opioide sintético de elevada potencia, han generado graves crisis sanitarias en distintos países debido a su alta capacidad adictiva y al riesgo de sobredosis, especialmente cuando es mezclado con otras drogas o incorporado a medicamentos falsificados producidos en laboratorios clandestinos.

En México operan centenares de organizaciones criminales articuladas alrededor de una decena de grandes carteles que mantienen una intensa disputa por territorios, rutas de tráfico y mercados de consumo. Estas organizaciones han desarrollado una notable capacidad de adaptación, incorporando nuevas tecnologías, diversificando sus actividades ilícitas y ampliando sus vínculos internacionales.

Por otra parte, en algunos escenarios latinoamericanos se observa una creciente convergencia entre organizaciones criminales y grupos armados irregulares. Si bien el terrorismo y el crimen organizado poseen objetivos diferentes —el primero persigue fines ideológicos o políticos, mientras que el segundo busca prioritariamente beneficios económicos—, en la práctica pueden establecer relaciones de cooperación vinculadas al financiamiento, la logística o el control territorial. Ejemplos de esta convergencia pueden encontrarse en determinadas disidencias de las antiguas FARC, en el ELN colombiano y en otras organizaciones armadas involucradas en economías ilícitas relacionadas con el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando.

La evolución del fenómeno criminal también ha dado lugar a organizaciones híbridas de gran capacidad operativa. Entre ellas sobresalen el Tren de Aragua, originado en Venezuela, así como el Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital (PCC), ambos surgidos en Brasil. Estas organizaciones han extendido sus actividades más allá de las fronteras nacionales mediante redes flexibles de colaboración criminal, diversificando sus fuentes de ingresos y consolidando su presencia en distintos países de la región.

Particular relevancia reviste el PCC, considerado una de las organizaciones criminales más poderosas de América Latina. Su expansión se ha visto favorecida por su inserción en las principales rutas del narcotráfico sudamericano, especialmente aquellas vinculadas a la producción de cocaína en los países andinos y al tráfico de cannabis procedente de Paraguay. Además de su participación en el narcotráfico, la organización interviene en actividades como el contrabando, la falsificación de productos, el tráfico de armas y diversas formas de comercio ilícito. Su influencia se extiende incluso al sistema penitenciario, donde ha logrado establecer mecanismos de control y reclutamiento.

El crecimiento de estas organizaciones criminales tiene profundas consecuencias para la estabilidad regional. Entre ellas destacan la captura o infiltración de instituciones públicas, la corrupción de funcionarios, el debilitamiento del Estado de derecho, la erosión de las instituciones democráticas, el incremento de la inseguridad ciudadana y la reducción de las inversiones productivas. La combinación de violencia extrema, capacidad económica y flexibilidad organizativa convierte a estas estructuras en uno de los principales desafíos para la gobernabilidad en América Latina.

Entre los espacios más vulnerables a la actividad criminal sobresalen determinadas áreas fronterizas y corredores estratégicos. Destacan la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay; el Trapecio Amazónico compartido por Brasil, Colombia y Perú; diversas zonas de frontera entre Perú, Bolivia y Chile; el estado brasileño de Amazonas, que conecta importantes rutas del narcotráfico regional; la región peruana del VRAEM (Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro); y el denominado Triángulo Norte de América Central, integrado por Guatemala, Honduras y El Salvador. Estas áreas suelen caracterizarse por una limitada presencia estatal, elevados niveles de corrupción y dificultades para la cooperación internacional sostenida.

Finalmente, la actividad criminal ha evolucionado hacia estructuras más flexibles y descentralizadas. En Colombia han surgido los denominados Grupos Armados Organizados Residuales (GAOR), mientras que en otros países proliferan clanes familiares y organizaciones de menor tamaño que operan mediante redes criminales especializadas. En Argentina, por ejemplo, la organización conocida como "Los Monos" alcanzó notoriedad por su participación en el tráfico de drogas y por la utilización de esquemas territoriales de distribución basados en puntos de venta protegidos por estructuras armadas. Este modelo evidencia la capacidad de adaptación del crimen organizado contemporáneo y su tendencia a combinar mecanismos tradicionales de control territorial con formas cada vez más sofisticadas de gestión criminal.

Corrupción, captura institucional y debilitamiento estatal

De lo expuesto se desprende que el crimen organizado transnacional constituye uno de los principales factores de debilitamiento estatal en numerosas regiones del mundo. Los costos económicos, sociales e institucionales derivados de su expansión son considerables y afectan a múltiples organismos públicos. Entre sus consecuencias más visibles se encuentran la sobrecarga de los sistemas judiciales, penitenciarios y forenses, el incremento de la violencia letal, la proliferación de desapariciones de personas y el deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones.

América Latina constituye uno de los escenarios más afectados por estas dinámicas. Diversos países de la región presentan elevados índices de homicidios, corrupción e impunidad, factores que favorecen la expansión de las organizaciones criminales y dificultan la consolidación del Estado de derecho. En este contexto, la corrupción adquiere una relevancia central, ya que facilita la infiltración de estructuras criminales en organismos públicos y privados, generando fenómenos de captura institucional capaces de comprometer la eficacia de las políticas de seguridad y gobernanza.

Con el propósito de reducir estos riesgos, numerosos Estados han incorporado mecanismos de transparencia, integridad y control corporativo. En Argentina, por ejemplo, la Ley 27.401 de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas estableció un régimen de sanciones aplicable a determinados delitos contra la administración pública y promovió la adopción de programas de integridad, cumplimiento normativo (compliance) y buenas prácticas empresariales destinados a prevenir conductas ilícitas dentro de las organizaciones.

Por otra parte, desde finales del siglo XX se ha desarrollado un intenso debate en torno a las denominadas "nuevas amenazas", categoría que incluye fenómenos como el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y otras formas de violencia no convencional. Esta discusión dio origen a nuevas concepciones de la seguridad pública y nacional, así como a procesos de securitización mediante los cuales determinados problemas sociales y criminales comenzaron a ser abordados como amenazas a la seguridad del Estado.

En varios países latinoamericanos, particularmente Colombia, México y Brasil, la expansión de organizaciones criminales en territorios con escasa presencia estatal ha generado escenarios de elevada conflictividad. En algunos casos, estas estructuras han asumido funciones informales de control social, regulación económica y resolución de conflictos, ocupando espacios tradicionalmente reservados al Estado. Como consecuencia, se han producido prolongados enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y organizaciones criminales por el control de territorios estratégicos, rutas de tráfico y mercados ilícitos, con un elevado costo humano y material.

Asimismo, diversos estudios han señalado la capacidad de ciertos grupos criminales para influir sobre actores políticos, económicos y sociales a nivel local, mediante mecanismos de corrupción, coerción o financiamiento ilegal. Tales prácticas contribuyen a erosionar las instituciones democráticas y a profundizar la percepción de fragilidad estatal.

En síntesis, el carácter transnacional del crimen organizado exige respuestas igualmente coordinadas a escala internacional. En este sentido, instrumentos como la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (Convención de Palermo) y las legislaciones nacionales derivadas de ella constituyen herramientas fundamentales para armonizar criterios jurídicos, fortalecer la cooperación entre Estados y mejorar la capacidad de prevención, investigación y persecución de las organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras nacionales.

Lejos de constituir un fenómeno exclusivamente policial o judicial, el crimen organizado transnacional se ha convertido en un desafío multidimensional que afecta la seguridad, la economía, la gobernabilidad y la calidad democrática de los Estados. Su capacidad de adaptación permanente obliga a desarrollar respuestas igualmente dinámicas, coordinadas y sostenidas en el tiempo. En un contexto de creciente interconexión global, la eficacia de estas respuestas dependerá, en gran medida, de la capacidad de los Estados para fortalecer sus instituciones, combatir la corrupción y profundizar los mecanismos de cooperación internacional.

Anexo documental (clicar en las imágenes para ampliar)


Fuente: Transparencia Internacional (Infobae, 2022) 


Fuente: insightcrime.org


Fuente: Ministerio de Justicia y Defensa de Colombia


Fuente: elordenmundial.com


Fuente: DW


Fuente: La Razón Digital Bolivia


Clarín, edición del 25 de septiembre de 2022.


Fuente: kienyke.com

Distintos medios periodísticos destacan que la organización criminal venezolana, dedicada a la trata de personas, la explotación sexual y el narcotráfico, opera y extiende su influencia en ocho países de la región. El concepto de “vacunar” en la jerga delictiva hace referencia al pago de extorsiones. Según el The New York Times, “la llegada del Tren de Aragua a Estados Unidos aviva el miedo, la delincuencia y las medidas fronterizas”.

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5 de junio de 2026

La Hidrovía Paraná-Paraguay y las nuevas rutas del narcotráfico transnacional


Clicar en la imagen para ampliar (idea-sinopsis del autor generada con IA).

Escenarios de la droga

Durante décadas, la atención internacional se concentró en las rutas del Caribe y del Pacífico como principales corredores para la exportación de cocaína hacia los grandes mercados de consumo. Sin embargo, la expansión del crimen organizado transnacional, la diversificación de los destinos y la transformación de las cadenas logísticas globales han desplazado parte del tráfico hacia el Atlántico Sur, convirtiendo a la Hidrovía Paraná-Paraguay en uno de los espacios estratégicos más disputados por las organizaciones criminales de la región.

La creciente utilización de corredores fluviales y puertos comerciales para el transporte de estupefacientes plantea nuevos desafíos para la seguridad regional. En este contexto surge una pregunta central: ¿cómo se transformó la Hidrovía Paraná-Paraguay en un corredor estratégico para el narcotráfico transnacional y cuáles son las implicancias de este fenómeno para los Estados involucrados?

La Hidrovía, que desemboca en Buenos Aires y Montevideo, se encuentra entre las principales vías de salida de la cocaína junto a los puertos de Ecuador y Chile. Desde Iquique se trafica al Extremo Oriente, Australia, la Península Arábiga y África Oriental. Desde el puerto de Guayaquil se distribuye a Centroamérica, Estados Unidos y Europa. La droga se transporta a través de barcos, sumergibles y aviones, principalmente escondida entre los 2.500.000 de contenedores que salen anualmente con bananas, cacao, té y otros productos. El Tren de Aragua, la megabanda surgida en las cárceles venezolanas y expandida a través de la migración regional, cuenta con amplia influencia territorial en la Triple Frontera de Perú, Chile y Bolivia.

En la última decena de años, aparte de las rutas del Caribe y el Pacífico, se ha vuelto especialmente relevante la ruta del Atlántico hacia Europa, Asia Menor y África Occidental, en lo que se ha dado en llamar la Conexión Atlántica, con vínculos en la Triple Frontera de Argentina, Paraguay y Brasil, y que incluye un nuevo y codiciado destino: Australia.

La droga procede de Colombia, de los valles del VRAEM en Perú y de Bolivia, en cuyos laboratorios pueden llegar a producirse más de un centenar de kilogramos por día. Bolivia, por otro lado, se ha convertido en una de las principales plataformas aéreas de la región y, junto a Perú, concentra actualmente una porción significativa de la superficie cultivada con hoja de coca a nivel mundial.

Desde Bolivia, la droga sigue la denominada ruta Este, ya sea por vía aérea o terrestre, hacia los puertos de Río de Janeiro, Salvador y Santos. Este último es utilizado por el Primer Comando de la Capital (PCC) para contaminar parte de los 4.500.000 contenedores que se movilizan anualmente. La organización también posee una fuerte implantación en Paraguay y en zonas limítrofes, donde en 2022 un grupo de sicarios asesinó a uno de los fiscales más destacados en la investigación del crimen organizado de la región.

En la actualidad, Paraguay se ha consolidado como uno de los principales nodos logísticos para la salida de cocaína desde Sudamérica hacia mercados extracontinentales. Asimismo, continúa siendo uno de los mayores productores de marihuana del continente. Esta situación fue advertida en 2021 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reunida en La Paz, así como por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). El gobierno chileno también ha denunciado el tráfico ilegal de varios billones de cigarrillos procedentes de Paraguay, fenómeno que provoca pérdidas estimadas en 800 millones de dólares anuales para su economía.

La ruta Sur involucra el complejo Hidrovía Paraná-Paraguay, cuya extensión total es de 3.342 kilómetros y abarca desde Puerto Cáceres, en Mato Grosso (Brasil), hasta Nueva Palmira (Uruguay). Incluye cinco países —Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay— y conecta más de doscientos puertos.

Los puertos de mayor profundidad actúan como centros de trasbordo y se estima que por esta vía transitan centenares de embarcaciones comerciales por mes, con decenas de miles de barcazas al año. A través de este corredor se transporta aproximadamente el 80 % del comercio exterior argentino y circulan alrededor de 1.700.000 contenedores anuales, de los cuales la Aduana controla de manera aleatoria apenas un 3 %.

El Gran Rosario constituye uno de los tres nodos portuarios agroexportadores más importantes del mundo junto con Nueva Orleans, en Estados Unidos, y Santos, en Brasil. Se trata de un complejo industrial oleaginoso y portuario integrado por más de veinte terminales de embarque y setenta kilómetros de costa sobre el río Paraná, desde la localidad de Timbúes hasta Arroyo Seco.

La relevancia de la Hidrovía para las organizaciones criminales no reside únicamente en su extensión o en el volumen de mercancías transportadas. Su verdadero valor estratégico radica en la posibilidad de integrar rutas fluviales, terrestres y marítimas dentro de una misma cadena logística. Esta convergencia facilita la infiltración de economías ilícitas en los circuitos del comercio global y convierte al corredor Paraná-Paraguay en un espacio privilegiado para las actividades del crimen organizado transnacional.

El narcotráfico —junto al petróleo, las armas, los medicamentos falsificados y la trata de personas— constituye uno de los negocios ilícitos más rentables del mundo. Según un informe de la Universidad Nacional de Rosario, en 2018 la droga movilizó en la provincia de Santa Fe más de 100 millones de dólares anuales. En 2022 se registró la cifra récord de 288 homicidios, manteniéndose el promedio en torno a los 200 asesinatos por año sobre una población de aproximadamente 1,4 millones de habitantes. El problema se encuentra asociado a elevados niveles de corrupción, debilidad institucional y limitaciones en materia de inteligencia criminal.

En síntesis, la importancia de la Hidrovía no puede comprenderse únicamente desde una perspectiva económica. Se trata de una infraestructura estratégica donde confluyen comercio internacional, integración regional y criminalidad organizada. La magnitud del tráfico legal que circula por ella constituye, paradójicamente, uno de los factores que facilitan la ocultación de actividades ilícitas y explican el creciente interés de las organizaciones narcocriminales por controlar segmentos de esta red logística.

La Hidrovía en cifras

Según el Centro de Despachantes de Aduana de la República Argentina, las principales características de la Hidrovía son:

  • Extensión: 3.342 kilómetros desde Puerto Cáceres (Mato Grosso, Brasil) hasta Nueva Palmira (Uruguay).
  • Sistema fluvial: permite una significativa reducción de costos para el transporte de mercaderías.
  • Barcazas: transportan un peso equivalente a treinta vagones ferroviarios de cincuenta toneladas cada uno o a cincuenta y cuatro camiones de veintiocho toneladas.
  • Convoy: un conjunto habitual de dieciséis barcazas puede movilizar aproximadamente 300.000 toneladas anuales y unas 24.000 toneladas por viaje.
  • Combustible: con un litro de combustible un camión recorre 25,1 kilómetros; el ferrocarril 85,8 kilómetros y una barcaza 218,4 kilómetros.

La dimensión del negocio

La magnitud del fenómeno puede apreciarse tanto en los volúmenes de droga transportados como en el valor económico que adquieren los cargamentos a medida que avanzan hacia los mercados de destino. Las cifras disponibles permiten dimensionar la importancia creciente de la Hidrovía Paraná-Paraguay dentro de las rutas globales del narcotráfico y comprender por qué este corredor logístico se ha convertido en un espacio de interés estratégico para numerosas organizaciones criminales.

Según la Secretaría Nacional Antidrogas de Paraguay, entre 2021 y 2022 transitaron por la Hidrovía decenas de toneladas de cocaína ocultas en cargamentos de pintura, cueros, madera, carbón, arroz y maíz.

El Informe Mundial sobre la Cocaína 2023 de Naciones Unidas señala que el cultivo de coca se incrementó un 35 % durante ese período y que las incautaciones de la droga alcanzaron niveles récord a escala global. El informe también ubica a la Argentina entre los principales países de salida de cocaína de la región y como uno de los mayores exportadores de metanfetaminas de América hacia Europa, detrás de Brasil.

Los cargamentos de cocaína procedentes de Colombia utilizan diversas rutas alternativas para llegar a los mercados internacionales. Una de ellas atraviesa Brasil, Bolivia, el norte argentino, Buenos Aires y Montevideo. Otra parte desde Colombia, cruza Brasil y Paraguay y recala en Uruguay antes de continuar hacia Europa y otros destinos.

Los principales mercados receptores de la droga continúan siendo los países europeos —España, Alemania, Bélgica y Países Bajos, entre otros—, además de África Occidental y, más recientemente, Australia. El valor de la cocaína por kilogramo oscila, según el grado de elaboración, pureza y distancia respecto del lugar de origen, desde unos pocos miles de dólares en Sudamérica hasta multiplicarse varias veces en Europa, alcanzando en 2023 valores cercanos a los 270.000 dólares por kilo en Australia.

La enorme diferencia de precios entre los países productores y los mercados de destino explica buena parte de la expansión de las redes criminales transnacionales y su creciente interés por controlar corredores logísticos seguros para el transporte de la droga.

Por otro lado, el incremento de los controles aduaneros en algunos de los países involucrados ha provocado el desplazamiento de parte de los cargamentos hacia los puertos uruguayos. Estos han sido adoptados como denominadas "rutas frías", es decir, corredores que históricamente han despertado menores sospechas y registrado menos incautaciones, lo que los convierte en espacios especialmente atractivos para las organizaciones criminales.

Solo al puerto de Nueva Palmira llegan miles de barcazas por año y, durante el último lustro, ha cobrado relevancia el grupo criminal denominado Primer Cartel Uruguayo (PCU), surgido en las cárceles al igual que otras organizaciones sudamericanas como el Tren de Aragua, el Comando Vermelho o el Primer Comando de la Capital (PCC). El PCU ha sido vinculado a diversas amenazas, atentados y operaciones de tráfico de grandes cargamentos de droga, en algunos casos en alianza con otras organizaciones criminales de la región. De toda la cocaína incautada por la policía uruguaya en 2021, el 72 % transitó previamente por la Hidrovía Paraná-Paraguay.

La creciente relevancia de este corredor también ha despertado el interés de organizaciones criminales extranjeras. Solo en el año 2022, las autoridades europeas incautaron 323 toneladas de cocaína en sus principales puertos. En relación con estos destinos de tráfico se ha detectado la intervención de miembros de la mafia calabresa o Ndrangheta operando en Sudamérica y prestando servicios dentro de la cadena de suministro criminal, así como del denominado Cartel de los Balcanes, integrado principalmente por organizaciones albanesas.

Las organizaciones criminales contemporáneas ya no se limitan al tráfico de drogas. Con frecuencia participan simultáneamente en el contrabando, el lavado de activos, la corrupción, el tráfico de armas y otras economías ilícitas, estableciendo alianzas flexibles que les permiten insertarse en las cadenas globales de comercio y transporte. Esta convergencia criminal constituye uno de los principales desafíos para los organismos de seguridad y control aduanero de la región.

El volumen del tráfico crece anualmente y algunos operativos e incautaciones realizados en los países involucrados permiten apreciar la magnitud del fenómeno. Uno de los antecedentes más tempranos se remonta a 1978, cuando llegó al puerto de Rosario un cargamento de azúcar procedente de Bolivia que ocultaba 200 kilogramos de cocaína, en un contexto vinculado a los intereses y relaciones clandestinas existentes durante las dictaduras sudamericanas.

El uso de la Hidrovía para el transporte de droga presenta numerosos antecedentes. Se han detectado cargamentos ocultos en cajones con pulpa de fruta congelada, paquetes de alimento balanceado, carbón vegetal y ajo, entre otros productos de exportación.

En 2004, durante el operativo denominado Viñas Blancas, fueron incautados 200 kilogramos de cocaína y diez mil botellas de vino que contenían droga disuelta en su interior y cuyo destino final era Europa por vía marítima.

Posteriormente, en 2015, la denominada causa Narco Arroz reveló una nueva modalidad de ocultamiento. La organización investigada planeaba exportar cocaína impregnada químicamente en granos de arroz. En aquella operación se secuestraron 40 kilogramos de droga y se establecieron vínculos con el cartel colombiano del Norte del Valle.

Estos antecedentes permiten observar una constante adaptación de las organizaciones criminales a los mecanismos de control estatal. La diversificación de las modalidades de ocultamiento, la utilización de cargas legales y el aprovechamiento de las ventajas logísticas que ofrece la Hidrovía Paraná-Paraguay explican por qué este corredor continúa siendo uno de los principales desafíos para la seguridad regional y la lucha contra el narcotráfico transnacional.

La metodología del tráfico

El éxito de las organizaciones criminales no depende únicamente de la producción de estupefacientes, del control territorial o de la disponibilidad de corredores de transporte. También requiere mecanismos sofisticados de ocultamiento y logística que permitan insertar la droga dentro de los circuitos del comercio legal internacional. En este contexto, la modalidad conocida como rip-off se ha convertido en una de las técnicas más utilizadas para la exportación de cocaína desde Sudamérica hacia los principales mercados de consumo.

Los grupos criminales utilizan la modalidad rip-off o gancho ciego, método por el cual los narcotraficantes ocultan la droga en los contenedores de un buque que transporta una carga legal, mayormente vinculada al sector agroexportador (granos y harinas), ya controlada por la Aduana. Se rompen y luego se sueldan las bisagras del contenedor para introducir los paquetes o se utilizan precintos adulterados. Esta operatoria se lleva a cabo en el país de origen o en un puerto de trasbordo, así como también en mar abierto (drop-off), con el objetivo de evadir el control de los escáneres o cualquier otra medida de seguridad. La propia estructura del contenedor sirve para ocultar los narcóticos, ya sea utilizando espacios vacíos en paredes, techos, pisos, puertas o equipos de refrigeración. También se han detectado cargamentos de droga adosados al casco de los barcos, para lo cual se utilizan buzos especializados.

La palabra rip-off significa engaño o estafa. En la jerga carcelaria se denomina gancho ciego a quien presta ayuda (gancho) para cometer un delito sin saberlo (actúa ciego) y, aunque la empresa exportadora puede ser completamente ajena a la maniobra, la tripulación suele resultar cómplice o verse involucrada bajo amenazas. Entre otras similitudes, estas bandas están integradas por delincuentes de distintas nacionalidades y operan mediante redes transnacionales con funciones claramente diferenciadas.

Entre los casos más significativos de los últimos años, en 2023 la policía australiana decomisó más de 900 kilos de cocaína en un barco que había zarpado de Argentina tras pasar por dos terminales portuarias, una ubicada en el Gran Rosario y otra en La Plata. Se trataba de un carguero con bandera de las Islas Marshall que transportaba droga valuada en aproximadamente 212 millones de dólares, oculta dentro de un embarque de soja.

Con respecto al microtráfico, la Aduana Argentina incautó en los últimos años varios kilos de cocaína en numerosos envíos dirigidos a Australia, un destino que aparece de manera recurrente en distintas investigaciones. La droga se ocultaba en envíos postales, maquinarias o impregnada en mochilas, bolsos y equipajes transportados por pasajeros de aerolíneas comerciales.

También fueron detectadas en el aeropuerto internacional de Ezeiza decenas de kilos de cocaína ocultos en un embarque de caballos de polo con destino a los Países Bajos.

La diversidad de modalidades empleadas demuestra que las organizaciones criminales no dependen de un único sistema de transporte ni de un solo mecanismo de ocultamiento. Por el contrario, combinan grandes cargamentos marítimos con envíos postales, transporte aéreo y operaciones de menor escala, adaptándose permanentemente a los controles estatales y a las vulnerabilidades detectadas en cada punto de la cadena logística.

En términos estratégicos, el fenómeno revela una característica central del narcotráfico contemporáneo: la utilización de las mismas infraestructuras que sostienen el comercio mundial. Puertos, aeropuertos, depósitos fiscales, empresas de transporte y cadenas de suministro internacionales son aprovechados por las organizaciones criminales para ocultar actividades ilícitas dentro de flujos legítimos de mercancías y personas. La profesionalización de estas metodologías y su constante evolución constituyen uno de los principales desafíos para los organismos de control, inteligencia y seguridad de la región.

Conclusión

El análisis de la Hidrovía Paraná-Paraguay permite observar la progresiva consolidación de un corredor logístico de alta relevancia no solo para el comercio regional, sino también para las dinámicas contemporáneas del narcotráfico transnacional. La combinación de infraestructura fluvial, volumen de carga y multiplicidad de jurisdicciones involucradas ha generado un escenario particularmente complejo para los sistemas de control estatales.

A lo largo de las últimas décadas, las organizaciones criminales han demostrado una notable capacidad de adaptación a los cambios en los mecanismos de fiscalización y a la evolución del comercio internacional. La diversificación de rutas, la utilización de cargas legales como cobertura y la incorporación de distintas modalidades de ocultamiento evidencian una lógica operativa flexible, orientada a maximizar la eficiencia logística dentro de circuitos globales cada vez más integrados.

Los casos analizados en distintos puntos de la región permiten advertir que la Hidrovía no constituye únicamente una vía de salida de mercancías, sino también un espacio donde convergen intereses económicos legales e ilegales bajo estructuras logísticas compartidas. Esta superposición explica, en gran medida, la persistencia del fenómeno y la dificultad para su contención.

En este contexto, la Hidrovía Paraná-Paraguay se configura como un escenario estratégico en disputa, donde la capacidad de control no depende exclusivamente de la extensión de los recursos de vigilancia, sino de la posibilidad de comprender la lógica de funcionamiento de las redes criminales que operan en su interior.

Anexo documental de mapas y estadísticas

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Infobae, edición del 14 de julio de 2016. Mapa elaborado por la ONU.

Las principales rutas del tráfico de cocaína en base a la UNODC:

1. La ruta del Caribe: La cocaína producida en Colombia y otros países de Sudamérica se transporta a través del Caribe hacia Estados Unidos y Europa.

2. La ruta de Centroamérica: La cocaína se transporta a través de países centroamericanos como México, Guatemala, Honduras y El Salvador hacia Estados Unidos.

3. La ruta del Pacífico: La cocaína se transporta desde Sudamérica hacia Estados Unidos y Asia a través del Océano Pacífico.

4. La ruta de África Occidental: La cocaína se transporta desde Sudamérica hacia Europa a través de países de África Occidental como Nigeria, Ghana y Senegal.

5. La ruta de los Balcanes: La cocaína se transporta desde Sudamérica hacia Europa a través de los Balcanes.

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Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).


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La Capital, edición del 25 de enero de 2023.

Las tasas de homicidio en Rosario son las más altas de toda la Argentina. Mientras en el país es de 4,1 por cada 100 mil habitantes, en la ciudad santafesina la cifra asciende a 22,1. En diez años la tasa de encarcelamiento de la provincia creció un 115% (290 presos por cada 100 mil habitantes en 2023). El sistema penitenciario aumentó la cantidad y violencia de las requisas, así como limitó el ingreso de visitas.


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La Capital, edición del 28 de enero de 2024. 

Bibliografía

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  • La Mañana (2022). El origen del Primer Comando Uruguayo como paradigma del avance narco.
  • La Nación (2023). Ruta narco: tras las 27 toneladas de cocaína traficadas por la Hidrovía, escanean contenedores que salen de Paraguay hacia Europa.
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  • Vittar, Daniel (2024). Narcotráfico en Ecuador: cajas de bananas y cacao, la nueva ruta de la droga a Europa.

25 de abril de 2026

La hoguera ideológica del terrorismo

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I

A través de la historia han proliferado las insurgencias, revueltas, disidencias, ataques llevados a cabo por individuos aislados, escaramuzas o atentados masivos, sabotajes o extensos conflictos sostenidos por años por diversos gobiernos contra grupos organizados y bien pertrechados, ya sea con pistolas, fusiles, explosivos o hasta cuchillos: las guerrillas locales y grupos terroristas han actuado desde antaño contra dichos gobiernos, personas y bienes hasta bien entrado el siglo XX, constituyéndose la actual oleada terrorista del integrismo islámico en la mayor amenaza global, con su variante más temible: el atentado suicida.

Ya en la antigüedad existían grupos insurgentes como los zelotes: nacionalistas, sectarios y fanáticos religiosos. Hay semejanza con los actuales grupos integristas islámicos y su yihad. Por ejemplo, ISIS, el cual hace uso del asesinato indiscriminado incluso hacia el interior de su comunidad y la población musulmana que no adhiere a ellos. 

En ocasiones se les ha considerado en forma equívoca como grupos de resistencia armada y no como terroristas, pero la diferencia radica en el modus operandi. Cuando los disidentes se vuelcan al uso de armas y otros medios de destrucción para combatir al Estado o estamentos gubernamentales, y a la vez provocan daños en la población civil o intentan someterlos a su propia causa, más allá de los regímenes despóticos a los que se oponen y enfrentan, se incurre en terrorismo.

Los grupos insurgentes y desestabilizadores eran duramente reprimidos. En los imperios mesopotámicos (y luego Roma) eran perseguidos y aniquilados a través de campañas militares y con técnicas que buscaban expulsar y erradicar a los sediciosos, adoptando la forma y metodología de lo que hoy se conoce como terrorismo de Estado.

En el siglo XI d. C. (1090-1275) surge dentro del propio Islam chií la secta de los Asesinos, cuyos miembros se dedicaban a los asesinatos políticos y religiosos cumpliendo con obediencia ciega su cometido. Con base en Persia y distintas fortalezas, en el apogeo de su poder se expandieron a Siria y toda la región, tejiendo una red de castillos inexpugnables. Fueron destruidos por la invasión de los mongoles. 

Mataban por encargo de cualquier facción que les pudiera pagar y consumían drogas como el hachís para estimular su éxtasis religioso y espíritu combativo, convencidos de que existía para ellos un paraíso si morían en el transcurso de su misión. Los mismos musulmanes los consideraban herejes peligrosos y temibles, al igual que los cruzados. 

Aquí se puede ver más de un punto de coincidencia con los sicarios (de "sica", espada corta o daga) de la secta judía de los zelotes y aún más, con el mundo actual, no solo por el uso de las drogas, la taqiyya u ocultamiento de su identidad y el adiestramiento al que eran sometidos utilizando técnicas de lavado de cerebro como vehículo para ejecutar actos de autosacrificio suicida en consecución de sus objetivos, sino también en la metodología mercenaria utilizada también hoy por los carteles del narcoterrorismo y bandas criminales.

Cualquier medio ha sido válido a través de la historia para subvertir el orden establecido y causar daño. Los venenos fueron utilizados de distintas formas y en todas las épocas para el asesinato y/o para emponzoñar las armas, así como los cuerpos lanzados en catapultas hacia el interior de las fortalezas y castillos de la Edad Media actuaron como armas biológicas para llevar la peste a los sitiados. Bin Laden alentaba la adquisición de armas químicas y nucleares como un deber religioso de todo musulmán.


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II

Desde finales del siglo XIX el terrorismo se volvió más sistemático y desde entonces se han sucedido varias oleadas, aunque se han diversificado los tipos debido a los nuevos actores y conflictos:

  • La oleada anarquista. Surgió en Rusia hacia fines del siglo XIX en la época despótica de los zares y se extendió rápidamente por toda Europa, Asia y América, siendo una ideología a la que adherían en un gran porcentaje las masas de inmigrantes y cuya acción propagandística destacaba por el uso del telégrafo, los panfletos y periódicos, así como también por el uso de explosivos.
  • La oleada anticolonialista. Surgió después de la primera Guerra Mundial, hacia 1920. Destaca en aquella época el Ejército Republicano Irlandés o IRA fundado por Michael Collins, y ya en la décadas de 1940-1950, la guerrilla liderada por Ho Chi Minh y surgida de la alianza entre comunistas y nacionalistas en el contexto de la guerra de Indochina con el objetivo de independizarse de Francia.
  • La oleada independentista de extrema izquierda, etnonacionalista o separatista. Surgió en las décadas de 1960-1970. Aquí se encuadran las diversas guerrillas latinoamericanas, grupos como la OLP (1964) o Septiembre Negro (1970) en Medio Oriente y, ya en Europa, ETA o País Vasco y Libertad (1958-2018), Baader-Meinhof o Fracción del Ejército Rojo en Alemania (1970-1998) y las Brigadas Rojas italianas (1969-1987).
  • La oleada integrista religiosa de la cual el yihadismo es su peor exponente, sobre todo en la evolucionada variante del ataque suicida. Puede situarse la ascendencia de esta tipología terrorista en el surgimiento de los movimientos islamistas del siglo XIX y, más actualmente, en la OLP u Organización para la Liberación de Palestina, creada por Yasir Arafat en 1964 como reacción al nacimiento del Estado de Israel. Una época caracterizada luego por el secuestro de aviones y/o destinada a captar la atención pública y forzar decisiones políticas de los gobiernos.


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III

Desde fines del siglo XX se asiste a un retorno del fundamentalismo monoteísta, cuyo punto de inflexión puede situarse en la Guerra de los Seis Días (1967), donde los grupos ortodoxos judíos acentúan su influencia y poder en Israel, luego de su victoria contra la coalición árabe. 

Esta fuerza de derecha, vinculada al nacionalismo conservador y sionista (partido Likut) ha dominado la escena política israelí en las últimas décadas, desplazando al Laborismo como exponente del estado laico. 

Pero el terrorismo sionista operó durante el Mandato Británico en Palestina (1920-1948), zona de la que fue despojado el Imperio Otomano luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial y que ocupaba los actuales territorios de Jordania, Israel y Palestina. 

Esta aplastante victoria contra la coalición liderada por la República Árabe Unida (Egipto), Jordania, Irak y Siria, le aseguró a Israel la posesión de la Franja de Gaza (cedida al control de la Autoridad Nacional Palestina en 2005), la Península de Sinaí, los Altos del Golán, Cisjordania y la parte Este de Jerusalén (incluida la Ciudad Vieja y los restos del Templo), ratificándolo en su doctrina de pueblo elegido por Yahveh. 

Como respuesta a este estatus de potencia ocupante se intensificó el nacionalismo palestino con la OLP y Fatah (Kuwait, 1958) dentro del contexto de tensión de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y su intervencionismo en la región. 

Por los Acuerdos de Camp David (1978) y el Tratado de Paz egipcio-israelí (1979), Sinaí es devuelto a Egipto en 1982. Pero la derrota árabe significó la pérdida de popularidad de Nasser que, junto al Partido Baaz (fuerte en Siria e Irak), son vistos como una amenaza secularizadora y provocan la reacción del Islam político que vendrá de la mano de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes (1928).

IV

Con los años, y en una incesante escalada de violencia se produjeron hechos significativos como sucesivas guerras (Yom Kipur, en 1973), el secuestro y asesinato de los atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich en 1972 (y su contraparte, la caza a los miembros de Septiembre Negro por parte del Mossad), hasta desembocar en el peor atentado ocurrido hasta la fecha, es decir, el ataque a las llamadas Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en 2001, ejecutado por órdenes de Osama Bin Laden, líder de la red Al-Qaeda nacida en Afganistán en 1989. 

En ese lapso se producen la Revolución Islámica en Irán con la instauración de un gobierno teocrático bajo el liderazgo del Ayatola Jomeini (1979-1989), así como la invasión soviética de Afganistán (1979-1989) y las guerras Irán Irak (1980-1988) y del Golfo (1990-1991).

Superada la conflictiva década de 1990, las crisis del Golfo Pérsico y el ataque del 11-S, se intensifica la guerra global contra el terrorismo (doctrina preventiva). Iniciada la invasión de Afganistán por Estados Unidos y la nueva guerra contra Sadam Husein en 2003, surgirá la resistencia a la invasión (a través de los talibanes, vueltos al poder en 2021), y a partir del grupo Al-Qaeda en Irak liderado por el jordano Al Zarqawi, profundizando en el desarrollo de los conflictos asimétricos.

En el período 2010-2012 se produjo la "Primavera Árabe" (que involucró a Egipto, Libia, Sudán, Túnez, Marruecos, Irak, Siria, Yemen y otros países de la región), motivada por múltiples causas (vinculadas a los regímenes de gobierno, las libertades civiles y la mejora en la calidad de vida), y donde las redes sociales jugaron un rol crucial como instrumento de protesta. 

En 2011, Bin Laden es ejecutado en Pakistán por un grupo de tareas de los Estados Unidos. Con los años, en 2013, y separado de Al-Queda y su nuevo líder Al-Zawahiri por cuestiones ideológicas, surge Estado Islámico, ISIS o Daesh, bajo el mando de Al-Baghdadi (muerto en 2019), autoproclamado Califa (cuyo significado en árabe es "el que guía"), que obtiene la lealtad de, entre otras organizaciones, la temible Boko Haram que opera en Nigeria, Camerún y Chad. 

El escenario de la guerra civil siria (y otros países vulnerables) fue propicio para la intervención de diversos grupos terroristas como el Frente Al-Nusra (franquicia de Al-Qaeda), Hezbolá (chií, con base en Líbano y apoyo de Irán), el PKK (kurdo); y para la expansión territorial de Estado Islámico, actuando en una amplia diversidad de frentes para desmoralizar y desgastar al enemigo, confrontando a través de una guerra de guerrillas y ejerciendo el control de zonas o territorios para establecer un nuevo Califato bajo la ley de la Sharía. 

A raíz de sus recientes derrotas militares en Siria e Irak, puede decirse que hay un nuevo cambio de estrategia por parte de Estado Islámico, adoptando un modelo de terrorismo urbano de bajo costo o low cost, planteando el desarrollo de una nueva fase de la yihad que implica el diseño, planificación y ejecución del acto terrorista por individuos solitarios y pequeños grupos autónomos (o células) según sus propias capacidades, sin conexión entre ellos y desvinculados de liderazgos jerárquicos. 

Estas ideas suponen una mayor flexibilización de su modus operandi y de sus pautas de organización y actuación. Una nueva etapa signada por el acceso a la cultura digital y la captación masiva de adeptos, la multiplicidad (y transnacionalización) de objetivos en distintos frentes, aún entre su propia población, y lo impredecible del terrorismo suicida en ascenso (mayor letalidad y extrema violencia), obligando con esto a los gobiernos que los combaten a redefinir y priorizar sus políticas de defensa, prevención hacia el interior de sus propias fronteras e intervencionismo armado.

Hay una ausencia de estructuras rígidas en estas redes que las vuelven más fácilmente manejables, con el agravante de estar unidas por sistemas informáticos y de telecomunicaciones, de los cuales son especialistas. A través de Internet (y su carácter viral), se puede acceder a las publicaciones y servicios de propaganda de estos grupos, incluso a manuales sobre cómo fabricar distintos tipos de artefactos de variada peligrosidad o aprender tácticas de ataque. 

Los candidatos a ser captados para su radicalización pueden introducirse en la Deep Web y, más aún, en la Dark Net o red oscura, que les proporciona privacidad y anonimato y donde está asegurado el secreto de la información que transmiten (la antigua taquiyya). 

Distintos medios de comunicación, webs, foros de discusión y perfiles en redes sociales como YouTube, Facebook, Twitter (actual X), Telegram o hasta el chat de las consolas de videojuegos son ejemplos de herramientas útiles para estos grupos, así como la producción de cuidados documentales de muy alta calidad técnica sobre propaganda militar y ejecuciones.

La creación del llamado Cibercalifato, un grupo de crackers afines a la causa de Estado Islámico, ha permitido potenciar las principales actividades de las organizaciones terroristas (captación, reclutamiento, adoctrinamiento, adiestramiento, formación o financiación), así como el uso del malware y otras herramientas, con la posibilidad de realizar ataques más complejos a bancos (actividades y operaciones financieras), empresas, gobiernos (sistemas electorales), medios de comunicación, los sistemas que proveen de electricidad, agua, controlan el tráfico, las centrales nucleares y hasta hospitales, es decir, las actualmente llamadas infraestructuras críticas.


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V

Actualmente, ISIS y Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), han crecido ostensiblemente en África, llegando a la cifra de varios miles de combatientes y disputándose amplias franjas territoriales, siendo el continente africano una de las zonas más atacadas luego de países como Afganistán y los ya mencionados Siria e Irak, y con mayor número de víctimas que Europa. 

Sus tácticas son muy violentas y sus actividades abarcan más de una docena de países. Al-Qaeda cuenta con presencia en diversas regiones del mundo con más de veinte grupos, en Yemen (su actual base de operaciones), Egipto, Somalia, Mali y parte de Argelia, así como en Afganistán (donde naciera impulsada por Osama Bin Laden), Pakistán, India, otros países de Asia y Rusia. 

América Latina ha sido cooptada por Hezbolá, grupo vinculado al crimen organizado y la narcoguerrilla y con amplia difusión ideológica.

También preocupa el proceso de radicalización a partir de las diversas escuelas coránicas, las mezquitas esparcidas en distintos países, los líderes yihadistas exiliados y las prisiones, los inmigrantes de segunda o tercera generación, y una de las mayores preocupaciones (quizá más ligada a los países europeos), la de los conversos o del terrorismo autóctono de origen interno con una radicalización independiente de la cultura parental y de la religión (con escasa vinculación al Islam y desconocimiento de los fundamentos del Corán), así como los excombatientes o "retornados" de las zonas de conflicto, aquellos que regresan a sus países con la posibilidad de atentar o reclutar, situación que se intenta evitar impidiendo que vuelvan u oscilando entre el endurecimiento de la legislación del tipo represivo y aquellas medidas de tipo estructural, como las de atacar las causas de la segregación.


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Apéndice 


Procesos históricos y evolución del terrorismo (Gráfico del autor). 
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Procesos organizativos vinculados al desarrollo de misiones suicidas (Gráfico del autor). 
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Masacre de los once atletas israelíes llevada a cabo por el grupo terrorista Septiembre Negro (una facción de la OLP), en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.


Muerte de Bin Laden, líder de Al-Qaeda. Murieron 2.753 personas en los ataques a las Torres Gemelas, entre ellas 323 bomberos, 23 policías y 37 agentes de la autoridad portuaria. En el Pentágono murieron 164 personas y otras 40 entre pasajeros y tripulación de los aviones (Fuente: CNN).


El sorpresivo ataque del grupo terrorista Hamás o Movimiento de Resistencia Islámica dejó la cifra de más de 1.200 muertos en territorio israelí y más de cien rehenes, provocando un ataque masivo de Israel sobre la Franja de Gaza en poder de Hamás desde 2007 (Fuente: BBC, 2023). A la fecha, se estima que la cifra de fallecidos en Gaza asciende a 85.000.


El separatismo vasco en cifras. El Diario de Sevilla, edición del 4 de mayo de 2018.


Cartel en homenaje a Martin Meehan, miembro destacado del Ejército Republicano Irlandés Provisional (una de las facciones históricas más violentas del grupo terrorista, activa entre 1969 y 2005), y del Sinn Féin, considerado el brazo político del IRA. Las víctimas del conflicto, en este período, superan ampliamente las 3.500 muertes, incluyendo a miembros de las fuerzas de seguridad, civiles, militantes del IRA y de otras facciones nacionalistas.


El presidente de la Democracia Cristiana de Italia, Aldo Moro, secuestrado y asesinado en 1978 (luego de un cautiverio de 55 días), por las Brigadas Rojas (1970-1988), grupo terrorista de extrema izquierda.

Bibliografía

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14 de abril de 2026

Estados de terror


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Determinados sistemas de gobierno ejercen un control absoluto y suprimen las libertades individuales mediante el uso de la violencia y la propaganda. Durante la Guerra Fría, muchas dictaduras surgieron o se mantuvieron con el apoyo de las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) como parte de su influencia ideológica y geopolítica.

Introducción y antecedentes

No existe una definición consensuada sobre el terrorismo, pero este se caracteriza por llevar a cabo actos violentos con la intención de producir daños humanos y materiales sin distinción de categorías, ejecutados por grupos, individuos y Estados que hacen uso sistemático del terror y su propaganda para impactar en el imaginario colectivo, intimidar a la sociedad y forzar reacciones políticas en pos de sus objetivos, que abarcan un amplio espectro de creencias, ideologías o doctrinas.

Como antecedentes del terrorismo de Estado, que involucra el cese de los derechos constitucionales y el avasallamiento de la población civil, se pueden mencionar el período jacobino en Francia (ejecuciones masivas de opositores, propaganda anticlerical), el totalitarismo de la Unión Soviética (gulags, purgas), el Franquismo (persecución y alteración del orden jurídico), el fascismo italiano y el régimen Nazi, cuyo desarrollo de la propaganda política fue notable (aparte de sus crímenes de lesa humanidad contra diversos colectivos sociales). 

Goebbels utilizó masivamente la prensa gráfica, la radio y el cine de Leni Rienfestahl, así como espectáculos multitudinarios especialmente ambientados (Congreso de Nüremberg, desfiles, despliegue de estandartes y banderas, antorchas, etc.), para provocar un fuerte impacto emocional en la población, así como grupos paramilitares (SA o camisas pardas) y campos de concentración. Décadas después, la dictadura cívico-militar argentina utilizará estrategias similares (organización del Mundial de Fútbol de 1978, Guerra de Malvinas en 1982, Triple A, centros clandestinos de detención). Esta situación se repetirá dentro del marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional aplicada por todas las dictaduras de América Latina bajo la influencia de Estados Unidos.

Los nuevos Estados del terror: el paradigma de Estados Unidos y la Guerra Fría

Después de la Segunda Guerra Mundial (durante la cual Estados Unidos creó campos de concentración para japoneses en su propio territorio), y en el período de 1950-1975, el pueblo estadounidense vivió una de sus etapas más oscuras en cuanto a la pérdida de la intimidad en su vida privada, ya que los organismos de seguridad del Estado gastaron fortunas en elaborar nuevas técnicas de vigilancia y espionaje, así como mejores métodos en el intento de manipulación y control de la ciudadanía a fin de detectar en aquel periodo de preocupación obsesiva a los individuos de ideas extremas (comunistas y opositores).

En el ámbito de la manipulación política y la persuasión de las masas, detrás de su pretendido sistema democrático, y amparado por estructuras institucionales como la CIA y otras agencias de seguridad, Estados Unidos se convirtió de a poco en un Estado policial, modelo que luego trasplantó a los países latinoamericanos.

Obras notables para el análisis propagandístico y de manipulación poblacional son Fahrenheit 451, publicada en 1953 durante las persecuciones ideológicas del senador McCarthy, y que describe a una sociedad totalitaria donde impera la censura y cuyo cuerpo de bomberos semejante a la estructura de una policía secreta incendia las bibliotecas (en Argentina se dio la quema de centenares de miles de libros durante el proceso de reorganización nacional de 1976-1983, bajo las consignas nacionalistas y cristianas); el libro 1984, de George Orwell, novela en la cual se introduce la figura del omnipresente Gran Hermano y su policía del pensamiento dedicada a la vigilancia masiva, a la manipulación del lenguaje y la información y a la represión política y social (Ley Patriótica dictada por el gobierno de George Bush); y la película Wag the Dog, en la cual un servicio de inteligencia debe inventar una guerra hasta en sus más mínimos detalles para distraer e influir al electorado de un país sacudido por diversos escándalos (y por supuesto, para cultivar la imagen propia), una tarea canalizada y transmitida a la opinión pública en un estilo periodístico en cuanto a relato e imágenes (sirva de ejemplo la ya mencionada Guerra de Malvinas).

Luego de la fallida invasión en la Bahía de Cochinos (1961), la crisis de los misiles en Cuba (1962) y el asesinato de J. F. Kennedy (1963), asume la presidencia de Estados Unidos Lyndon B. Johnson, elegido mayoritariamente para el periodo 1964-1969 apoyándose en un programa que ampliaba los derechos civiles (acabando con la segregación racial, otorgando el voto a los afroamericanos y legalizando la situación de los inmigrantes). Aun así su política interior se vio empañada por el fracaso de la guerra en Indochina, cuya escalada de violencia fue sustentada en la teoría del dominó (si un país libre cae en poder de los comunistas, todos los países que lo rodean también caerán), y de la cual, en aquella etapa, el Secretario de Defensa Robert McNamara fue un acérrimo defensor. 

Las consecuencias por el hartazgo de la guerra y la deficiente comunicación gubernamental derivó en el denominado síndrome de Vietnam, la crisis social y de los ideales de hegemonía que todavía conservaba el pueblo estadounidense luego de la Guerra de Corea (1950-1953). La derrota y la impotencia fue de tal magnitud que el FBI investiga y persigue a los manifestantes antiguerra. La confianza tardará años en volver con la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), el ascenso del fundamentalismo cristiano y de los telepredicadores con apoyo de los medios masivos de comunicación, un fuerte lobby teocon, la exaltación del simbolismo patrio y la posterior Guerra del Golfo (con transmisión directa de las cadenas televisivas, y de aquí se desprende el rol clave de los medios en apoyo a las políticas estatales).

Fue durante el segundo período de la guerra de Vietnam (1955-1975), que la CIA junto a las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos y Vietnam del Sur, adoptan las tácticas utilizadas por el ejército francés (luego usadas en Argelia), aplicando las doctrinas contrainsurgentes que involucraban el terrorismo y la tortura, las operaciones psicológicas, el uso de pequeños equipos de soldados y grupos armados de la población civil, así como cualquier tipo de acción política, económica y militar con el fin de socavar el régimen de gobierno. 

Al respecto, Estados Unidos desarrolló el Programa Phoenix, que oficialmente operó entre 1965 y 1972, y cuyo objetivo era identificar y neutralizar a aquellas personas, organizaciones y cualquier infraestructura política que estuviera vinculada o apoyara al enemigo. 

La metodología incluía la infiltración, captura, el interrogatorio con tortura para obtener información de inteligencia, la desaparición forzada, el contra-terror y el asesinato selectivo. Estas técnicas también fueron aplicadas por las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos a través del Plan Cóndor (década de 1970), en el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de la Seguridad Nacional, con el objetivo de reprimir a opositores políticos y grupos disidentes.

La OSS u Oficina de Servicios Estratégicos creada en 1942 para actuar en el escenario extranjero (Magreb, Europa meridional, Francia, Indochina), será reemplazada por la Agencia Central de Inteligencia en 1947 como ejecutora de los golpes de Estado y las operaciones psicológicas de desinformación a través de sus grupos de tareas encubiertas (desde Centroamérica e Irán, hasta el U2 y el proyecto MK Ultra sobre el uso de sueros y drogas como el LSD para el control del comportamiento en humanos). 

El golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, encabezado por Augusto Pinochet con apoyo de la CIA, se constituye en un ejemplo de las operaciones encubiertas de la agencia estadounidense llevadas a cabo por sus grupos de tareas. Con el transcurrir del tiempo, otros organismos institucionales como la DEA cumplirán tareas afines en países como Colombia, Venezuela (de la cual fue expulsada por el choque ideológico de ambos regímenes autoritarios), Paraguay y la Triple Frontera, entre otros, bajo la Doctrina de las Nuevas Amenazas.

Con esta ideología o Doctrina de la Seguridad Nacional, Estados Unidos propicia en su área de influencia (América Latina) nuevos Estados dictatoriales bajo su liderazgo y dominio, política de intervencionismo que se programa como un plan sistemático que involucra el entrenamiento de los funcionarios, militares y fuerzas policiales en la Escuela de las Américas con sede en Panamá (y actualmente el Comando Sur) en las estrategias de la guerra sucia, que incluyen la usurpación del poder por las fuerzas armadas, el cese del estado de derecho, el desmantelamiento de estructuras políticas, sindicales y obreras y represión cultural; persecución a los opositores y posibles contactos que los ayuden, operaciones clandestinas, secuestros, torturas, vejaciones y, por último, el asesinato y desaparición de los cuerpos que les quita identidad y deshumaniza a las víctimas, brinda un calculado anonimato al sistema represor e infunde terror en el resto de la ciudadanía, asegurando de esta manera la impunidad del régimen.

Esta violación sistemática de los Derechos Humanos se llevó a cabo bajo la consigna de combatir al enemigo interno, infiltrado por contrapartes ideológicas como la Unión Soviética o Cuba. Otras estructuras actuaron en connivencia y apoyo, como la Iglesia Católica (paradójicamente sostenida por el gobierno federal argentino a través de su Carta Magna), encubriendo la desaparición de cuerpos en fosas comunes o con vuelos de la muerte y el secuestro de hijos para su posterior adopción. La teología de la liberación, su contraparte ideológica, fue perseguida y varios sacerdotes asesinados.

Este intervencionismo, avalado por los gobiernos cómplices, contó con escenarios propicios para la instauración del terrorismo estatal, es decir, los Estados fallidos de la región, aquellos con diversas crisis y conflictos en proceso, corrupción política, altas tasas de criminalidad, inseguridad ciudadana y escaso control territorial con grupos insurgentes activos (Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros, en Argentina; FARC y Ejército de Liberación Nacional, en Colombia; Tupamaros, en Uruguay, Sendero Luminoso, en Perú; Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en Chile; y otros). 

Algunas de estas organizaciones utilizaron la porosidad de las fronteras para movilizarse y, con el transcurso de los años, asimilarse al crimen organizado y un nuevo objetivo: esta vez económico. Tal es el caso de los grupos peruanos y colombianos, a los que se suman las Autodefensas, milicias paramilitares convocadas por el gobierno de Colombia para combatir a las anteriores y actualmente descontroladas. 

Un ejemplo actual lo constituye la guerra contra las drogas y el terrorismo en Brasil, donde el aparato estatal ha llevado las medidas de seguridad hasta el extremo (en zonas rurales y favelas), y donde el ejército y la policía militar son cuestionadas por torturar, apalear y humillar a la población civil, así como de forzar el ingreso a las propiedades sin órdenes judiciales, ejecutar masacres grupales y asesinar concejales. 

La situación es similar en México, cuestionándose el uso de las Fuerzas Armadas en la resolución de conflictos de seguridad interna. Las fuerzas de seguridad chilena, por otro lado, se capacitan en tácticas antiterroristas para controlar a los pueblos originarios (mapuches), mientras organizaciones criminales como el PCC y el Comando Vermelho controlan grandes franjas fronterizas. 

En este contexto de globalización, con fronteras desprotegidas y sin ley, algunos grupos terroristas como Hezbolá, la mayor fuerza política y militar en el Líbano (con apoyo estatal de Irán), han extendido su influencia ideológica en América Latina, estableciendo redes para el reclutamiento de adeptos y actividades ilícitas, contando con una significativa presencia en la región de la Triple Frontera. 

Hezbolá planificó e intervino en los ataques a la Embajada de Israel (1992) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA, 1994) y jugó un papel clave en la guerra civil de Siria al apoyar, junto con Rusia e Irán, al gobierno del dictador Bashar al Assad, régimen que no dudó en utilizar armas químicas contra la población civil dentro de su propio territorio.

Proceso evolutivo y nueva globalización

Con el cambio de paradigma después de la Guerra Fría, la idea del caos constructivo y la Doctrina de las Nuevas Amenazas, Estados Unidos no ha dejado de ejercitar el poder blando (basado en la comunicación y la influencia a través de los medios culturales e ideológicos), pero ha enfatizado la senda del poder duro, es decir, la coacción, las amenazas y el autoritarismo, instaurando bases de operaciones militares en decenas de países, difuminando las fronteras y logrando un amplio despliegue de fuerzas en distintos escenarios y forzando conflictos asimétricos. Otra flagrante violación a los Derechos Humanos y leyes internacionales es Guantánamo. 

Luego de los atentados del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, que habilitó al gobierno de George Bush a declarar, a partir de una visión geoestratégica mesiánica de raigambre populista, la guerra total contra el terrorismo global (campaña que incluyó la desinformación y el ocultamiento) y, en un viraje totalitario, anular garantías constitucionales y dictar la ley Patriótica, constituyéndose una extensa y sofisticada red de espionaje electrónico, se suman las invasiones a Irak y Afganistán (donde otrora equipó a los talibanes, y estos a su vez apoyaron el surgimiento de Al-Qaeda), con la excusa de restaurar el orden democrático. Política unilateral que viola la soberanía territorial de otros países con el aval de un nuevo dogma: la doctrina del ataque preventivo. Se opondrá a esto una mayor radicalización yihadista a partir del surgimiento de Estado Islámico y su expansión territorial, interviniendo en el complejo entramado de la guerra en Siria, al igual que otros países como Turquía, que ejerce el terrorismo contra la población kurda. O también Rusia, que actúa en connivencia con organizaciones paramilitares en su zona de influencia.

Entre otros ejemplos, Israel se constituyó a través del terrorismo (Irgún, Haganá) y lo ejerció como Estado a través de operaciones clandestinas de secuestro y asesinato selectivo (entre otras, la Operación Garibaldi o la caza a los miembros de Septiembre Negro), migrando hacia los territorios conquistados y estableciendo asentamientos de colonos y áreas religiosas con tácticas represivas. Como respuesta a este estatus de potencia ocupante se intensificó el nacionalismo palestino con organizaciones estatales y terrorismo suicida (OLP, Al Fatah, con una política laica en Cisjordania, y el integrismo de Hamás ocupando la Franja de Gaza). 

Otros ejemplos que exceden este breve análisis pueden situarse en los Balcanes y la disolución de Yugoslavia, en los territorios en disputa de África, en el Irak de Sadam Husein, en la China de Mao o en el Irán teocrático de Jomeini y la Revolución Islámica, así como en la tiranía de Trujillo en República Dominicana o el Haití de los Duvalier y su policía de Estado (los Tonton Macoute, aún peores que la Gestapo), su uso doctrinario del sectarismo vudú y el apoyo de Estados Unidos.


Fuente: elordenmundial.com (clicar en la imagen para ampliar).


Fuente: vtactual.com (clicar en la imagen para ampliar).


Clarín, edición del 7 de marzo de 2018 (clicar en la imagen para ampliar).


La Organización de Voluntarios para la Seguridad Nacional, o Tonton Macoute, cuyo nombre se traduce como "hombres de la bolsa", constituía una notoria milicia que operaba como fuerza policial represiva bajo el régimen de los Duvalier en Haití desde 1957 hasta 1986. 
Durante este período, se estima que la organización fue responsable de decenas de miles de asesinatos, torturas y extorsiones. Se caracterizaban por el uso de machetes, anteojos oscuros y extrema violencia.
Algunos de sus líderes eran también practicantes de hechicería vinculados a las prácticas mágicas del vudú, un culto sincrético que combina elementos de la brujería africana y la liturgia cristiana, mediante el cual ejercían poder y manipulaban el temor de la población.


Miembro de los Tonton Macoute con su uniforme.


Muerte de Fidel Castro, líder guerrillero marxista secundado por Ernesto Guevara. Gobernó Cuba durante casi 50 años. 
Sobrevivió a la invasión de la Bahía de Cochinos organizada por la CIA y a la crisis desatada con Estados Unidos por los misiles nucleares soviéticos instalados en la isla. 
Según el diario La Razón (España, 27/11/2016), dejó una herencia de 7.365 asesinados, 20.000 presos políticos y 2.500.000 de exiliados.


Un soldado francés con prisioneros argelinos. 

Durante la guerra de Argelia (1954-1962) el Frente de Liberación Nacional luchó contra las tropas coloniales francesas que ocupaban el país desde 1830. Durante el conflicto, se utilizaron tácticas de contrainsurgencia basadas en las ideas del Coronel Roger Trinquier, autor de La guerra moderna, y que derivaron en crímenes de lesa humanidad denunciados por la prensa. 

Bibliografía
  • Campos, Mauricio Javier (2024), Criminales, narcos y terroristas, Editorial Autores de Argentina.
  • Domenach, Jean-Marie (1962), La propaganda política, EUDEBA.
  • Hastings, Max (2016), La guerra secreta, Crítica,
  • Laqueur, Walter (2003), Una historia del terrorismo, Paidós.
  • Packard, Vance (1971), La sociedad desnuda, Editorial Sudamericana.
  • Pizarroso, Alejandro (1990), Historia de la propaganda, EUDEMA.
  • Rubin, Sergio (2018), Dictadura, la Iglesia entrega actas de bautismo, Clarín.
  • Trinquier, Roger (1981), La guerra moderna, Ediciones Cuatro Espadas.
  • Weiner, Tim (2008), Legado de Cenizas. La historia de la CIA, Debate.