Hacia una espiritualidad laica
Nota de advertencia: Este breve artículo no aspira a ser exhaustivo ni agotar el tema, sino explorar la adopción del símbolo por las élites y su progresiva transformación en dogma a lo largo de diversas etapas y procesos históricos, abordando la instrumentalización del poder, el secreto y la desinformación a través del lenguaje simbólico, así como esclarecer distintos aspectos de la confrontación entre la sociedad laica y las diversas Iglesias, junto con sus implicaciones sociales canalizadas mediante el laicismo y la religiosidad en diferentes ámbitos de la cultura, los medios de comunicación, la política y las instituciones.
Geopolítica de las religiones
(Imagen: idea del autor generada con IA).
“¿Quién se atreve a colocar la autoridad de Copérnico sobre la del Espíritu Santo?”
Calvino, citado por Bertrand Russell en Religión y Ciencia.
Introducción
La religión política, los fundamentalismos religiosos y la actual primacía de las redes sociales, la posverdad y las fake news son formas de violencia depredadora.
Según Michael Foucault (Seguridad, territorio, población), entre el poder pastoral de la Iglesia y el poder político existirán, sin duda, una serie de interferencias, apoyos y relevos, así como una serie de conflictos, lo que hace que el entrecruzamiento entre ambos constituya una realidad histórica concreta a lo largo de Occidente. El pastorado cristiano creó una relación de obediencia total y permanente inspirada en prácticas de pastoreo, aplicada a la política como asunto de rebaños.
Finalmente, Maurice Godelier (Poder y lenguaje) argumenta que la estructura dual del poder, que se reivindica en beneficio de todos pero sirve a intereses particulares, posee una antigüedad mayor que la del Estado. Los actores reales de la historia son conscientes de que emplean medios simbólicos y saben que su capacidad de acción a través de símbolos, y su influencia sobre estos, constituye un poder efectivo y tangible, no ilusorio. En el futuro desarrollo de la humanidad, cuando cesen los conflictos, desaparecerán dos realidades interconectadas: la religión y el Estado, mediante la desacralización de las relaciones sociales.
Claude Giraud (Historia del secreto) destaca en una entrevista que, dado que las instituciones más importantes del Estado-nación fueron históricamente las iglesias, existe una dimensión religiosa del secreto que conlleva una sumisión a la autoridad y a algo superior incomprensible, lo que genera sospecha y se convierte en un instrumento de control social.
Lisandro de la Torre (Obras. Tomo III. Temas filosóficos) sostiene que el Estado debe ser neutral, ya que las teocracias y la influencia clerical en la enseñanza y la justicia son perjudiciales. (1)
En el caso de Georges Corm, este plantea el uso de lo religioso como recurso rentable para el control interno de la población así como, por otro lado, posibilita la expansión geopolítica de las ideologías.
Se plantea el uso de lo religioso como recurso para el control interno de la población y la expansión ideológica.
1
¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo?
(Evangelio de Juan 3, 4)
Lenguas muertas
Actualmente, la palabra hablada o escrita, como herramienta insustituible y vehículo de expresión, posee una eficacia y alcance superiores a cualquier acto y lenguaje gestual o simbólico. Sin perjuicio de estos últimos —cuyo ámbito de aplicación puede limitarse a contextos específicos como aquellos que reproducen ritos de paso—, la universalidad de su papel está amenazada debido al exceso de información que opaca lo esencial de una cultura inherente a la humanidad, quebrada por la superpoblación y las tecnologías de medios de comunicación masivos, el uso indebido y abuso de la información, la desinformación y la propaganda de todo tipo. Cada acto, gesto o palabra influye en la configuración de nuestro entorno, generando resultados o consecuencias a veces fallidos.
La dura realidad muestra su impacto visual y caótico, caracterizado por la velocidad y lo efímero. Esta práctica se convierte en un hábito, lo que dificulta el aprendizaje que requiere tiempo y reflexión. No se profundiza más allá de lo superficial debido a que el pensamiento crítico se encuentra adormecido, o quizás nunca ha sido estimulado. Esto constituye el dominio de la posverdad, definida por el Diccionario Oxford como circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones emocionales y las creencias personales en la formación de la opinión pública.
Empleada por las iglesias, la palabra tiende a fijar y perpetuar una idea de lo que debe ser creído y aceptado como dogma. Aquí no hay símbolo que pueda ser interpretado, la idea se impone. (2)
Según Joseph Campbell (Tu eres eso. Las metáforas religiosas y su interpretación), en sistemas religiosos tradicionales, la imaginería y rituales son presentados de manera autoritaria y se espera que el individuo experimente los sentidos y sentimientos deseados.
Es necesario revitalizar la palabra —que se manifiesta como un reflejo siempre incompleto y falible de uno mismo—, como parte integral y complemento del todo que nos envuelve (“En el principio era el Verbo”, afirma el Evangelio de Juan), para evitar caer en el ritualismo vacío de lo cotidiano, que puede convertirse en una práctica irreflexiva.
En definitiva, cada individuo se reinventa a lo largo de su vida, transformando su existencia en su recurso más valioso.
Empleada por las iglesias, la palabra tiende a fijar y perpetuar una idea de lo que debe ser creído y aceptado como dogma.
En sistemas religiosos tradicionales, la imaginería y rituales son presentados de manera autoritaria.
Iniciación
La palabra iniciación deriva de initiae y/o initium, términos que se refieren al inicio o comienzo, así como de inire, que significa ingresar o ir dentro. Otros citan la palabra initiatio como sinónimo de comienzo o entrada.
En un contexto más sencillo, la ceremonia de iniciación es aquella mediante la cual se admite al candidato en una entidad, grupo o sociedad, como ocurre en los ritos de paso característicos de pueblos no industrializados, cuya presencia es hoy escasa.
La iniciación, revestida de símbolos derivados de una profunda religiosidad, se vincula al concepto de religare: reunir o volver a unir lo que el proceso de encarnación separó. Se trata de una cuestión de fe, pero también se relaciona con el vocablo releyere, que implica volver a leer y reinterpretar lo previamente escrito para reflexionar y valorar racionalmente.
El lenguaje simbólico, dirigido a sociedades iniciáticas que trascienden más allá de culturas y grupos sociales específicos, implica una normativa inexorable que emerge como una forma de oposición a cualquier viejo orden establecido o esquema rígido, reflejando así la ley fundamental de la vida que demanda el avance continuo y cumplimiento del proceso cíclico de renovación y muerte.
Todo proceso iniciático nos somete a múltiples transiciones significativas a lo largo de nuestra existencia, donde las estructuras establecidas se desintegran, y solo perduran los ideales, principios y valores fundamentales que son esenciales para la nueva etapa de crecimiento.
Esto puede interpretarse como el resultado de una progresiva depuración de nuestra esencia, lo que algunos llaman la evolución del neófito (que significa “nueva planta”, o recién plantado). La consolidación de una renovada fuerza moral se convierte así en el logro crucial para cualquier nuevo comienzo.
La falta de consolidación de este aprendizaje o experiencia deja al iniciado vulnerable a factores externos, lo profano y las incertidumbres de la vida diaria. Revertir lo aprendido exige un riguroso y constante proceso de deconstrucción y reconstrucción en el ámbito existencial.
La iniciación implica reinterpretar lo previamente establecido para reflexionar y valorar racionalmente.
Simbolismo
En el plano simbólico, según el Diccionario Masónico de Lorenzo Frau Abrines, cabe aquí la alegoría del masón que también perdió su palabra y la busca: “la pérdida de la palabra fue efecto del otoño, en el que el sol, al perder su potencia, condena a la Naturaleza al mutismo; la palabra recobrada anuncia una próxima primavera”.
De acuerdo con Carl Jung en El hombre y sus símbolos, se denomina símbolo a un término, nombre o imagen que, a pesar de ser familiar en la vida cotidiana, posee connotaciones y asociaciones culturales y emocionales adicionales más allá de su significado convencional y evidente.
Maurice Godelier (Poder y lenguaje) destaca en un estudio antropológico clásico:
“Nos encontramos con un uso cifrado de la lengua, de una lengua cifrada para ser más preciso. ¿Por qué el uso metafórico de una parte del léxico?
En el centro de ese uso del lenguaje, hay una representación, hay una “teoría”, no sólo una manera de hablar, sino una manera de pensar, una manera de plantear los problemas de interpretar el mundo.
En los momentos importantes, claves de la vida de un hombre o de una mujer, hay un aprendizaje, en el transcurso de rituales complejos, de mitos y de saberes secretos.
Aprende al mismo tiempo sus reglas de conducta. Se le enseña una moral y al mismo tiempo se le explica el fondo oculto de las cosas, a través de la narración de los mitos sobre el origen del hombre, del origen de los astros, el rol de los dioses y de los seres sobrenaturales en su vida.
Es importante notar que los jóvenes iniciados tienen que estar mudos delante de sus mayores en el curso de las ceremonias, ellos no tienen el derecho a la palabra. Deben escuchar y dejarse imprimir en ellos las leyes de su sociedad.
Las grandes revelaciones se hacen en un contexto dramático sobre el plano gestual, sobre el plano simbólico”.
Según Royston Pike (Diccionario de religiones), la parte más importante de las ceremonias es la instrucción en la ley tribal. En las tradiciones esotéricas, se culmina con una comida sacramental que se considera la puerta de entrada a la inmortalidad.
El símbolo posee connotaciones y asociaciones culturales y emocionales adicionales más allá de su significado convencional y evidente.

Las nuevas tentaciones
(Imagen: idea del autor generada con IA).
En su obra La desaparición de los rituales, el filósofo coreano Byung Chul Han reflexiona acerca de cómo la pérdida de rituales simbólicos en la sociedad contemporánea impacta nuestra capacidad para formar comunidades y preservar nuestra identidad. Según Han, los rituales son acciones que generan comunidad sin requerir comunicación explícita, y su desaparición conlleva una pérdida de significado y sentido de pertenencia.
(Ref. De las no-cosas a la cruz, la filosofía de Byung Chul Han, Diario Perfil, 2024).
2
Préstame tus oídos
(Apocalipsis 2, 7)
Muertes
Desde que tuvo conciencia, el hombre intentó capturar la muerte en sus pinturas rupestres o, por el contrario, huir de ella —su miedo implícito—, construyendo una cosmogonía propia y exclusiva, porque esa cosmogonía quizás surgió paralela a la noción de propiedad privada.
Una simple proyección, dado que la muerte iguala a todos sin discriminar, pero su apropiación y manipulación a través del terror por parte de las élites la convirtió en liderazgos teocráticos, religiones institucionalizadas y en una industria próspera para los ejércitos.
Por otro lado, el lenguaje y el símbolo se conjugaron para impulsar al hombre hacia adelante, cargado de ideas, a lo largo de las épocas, acumulando conocimiento pese a la debilidad física, que fue compensada por la creciente fuerza del pensamiento y el desarrollo de herramientas prácticas, demostrando una notable capacidad de aprendizaje y habilidades en constante evolución, lo que permitió una simbiosis entre el individuo y la sociedad.
Los ritos de paso fueron esenciales para representar la maduración interna de los iniciados, contribuyendo así a consolidar las estructuras sociales.
Aquellos ritos ya caducaron, salvo algunas excepciones. Según René Guénon, la masonería moderna ha tomado su relevo en ciertos aspectos.
Los ritos de paso fueron esenciales para representar la maduración interna de los iniciados, contribuyendo así a consolidar las estructuras sociales.
Desbastar la piedra
Según palabras atribuidas a Jesús, quien de existir fue uno de los muchos Mesías de su tiempo, se dice o se le hace decir: “Tú eres Pedro (derivado de petra, roca, y petros, piedra), y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.
Desbastar la piedra implica ir más allá de raspar lo superficial, como se sugiere en la metáfora masónica; sin embargo, esta nueva postura adoptada requiere elección y discernimiento. Una decisión de tal naturaleza, para ajustarse a los parámetros de lo moralmente correcto para quien la toma, conlleva adoptar decisiones con conocimiento de causa, evaluar consecuencias, considerar sus orígenes y tener la capacidad de rectificar el rumbo.
El acróstico V. I. T. R. I. O. L. de los masones se traduce en “Visita el interior de la tierra. Rectificando, encontrarás la piedra escondida”, lo cual constituye un postulado masónico que invita a la introspección y búsqueda interior para descubrir verdades profundas.
El postulado masónico invita a la introspección y búsqueda interior para descubrir verdades profundas.
Los masones
La etimología de la palabra masón (que significa albañil o constructor), o francmasón (free en inglés o franc en francés), es objeto de debate entre los investigadores. Quizá haga alusión al uso de la piedra franca. Este tipo de piedra arenisca o arcillosa, de origen sedimentario, se extraía de canteras y se utilizaba como material de construcción y artesanía debido a su facilidad para ser manipulada, cortada y tallada. Algunos sostienen que deriva de la palabra germánica makjo, que significa preparar la arcilla para la construcción (al igual que Adán se refiere a tierra o arcilla); otros argumentan que proviene del latín medieval machio y/o su plural mationes o machiones, llamados así por las máquinas sobre las que se apoyaban, es decir, los andamios.
La hipótesis más plausible sugiere que el término alude al paso franco a través de pueblos, fronteras y estados, libre de obstáculos, del que disfrutaban los masones por servir a la Iglesia, nobles y reyes. Los masones aceptados (ajenos al gremio) eran inicialmente nobles, terratenientes y clérigos que necesitaban encargar obras a obreros capacitados, siendo útil para ellos conocer las señas de reconocimiento entre estos.
La masonería especulativa que emergió en 1717 constituye una entidad completamente diferente, que utiliza el simbolismo de las herramientas de los antiguos canteros, pero se extiende más allá en su impacto social, intelectual e ideológico. Pero no en vano destaqué algunas metáforas bíblicas, dado que la masonería moderna se nutrió de ellas para construir las leyendas de sus grados en distintos ritos. (3)
La masonería moderna se nutrió de las metáforas bíblicas y la tradición judeo-cristiana para construir las leyendas de sus grados en distintos ritos.
Doctrinas y traducciones
Estas posturas doctrinales o ideológicas insertas en la nueva entidad pueden darnos o revelar un símil u otra faceta del aspecto simbólico, como dice la catedrática Elaine Pagels en Los Evangelios gnósticos, al referirse al autor del Génesis: (4)
El autor utiliza un juego de palabras arameo-hebreo para equiparar la serpiente con el instructor (serpiente, hewya; instruir, yarah). Otras crónicas añaden un juego de palabras con otros sentidos que incluye a Eva (Hawah, vida): en vez de tentar a Adán, Eva le da vida y le instruye. Después del día de descanso, Dios envió a Eva como instructora para que criase a Adán. Cuando Eva vio a Adán abatido, sintió lástima de él y dijo: “Adán, vive; levántate sobre la tierra” (o también arcilla, significado de Adán). Inmediatamente su palabra se convirtió en hecho. Porque cuando Adán se levantó, abrió los ojos de inmediato. Al verla, dijo: “Serás llamada la madre de los vivos, porque eres tú quien me dio vida”.
Según Laurence Gardner, ex miembro de la Gran Logia Unida de Inglaterra y autor de La sombra de Salomón, en hebreo la mujer se denomina Issa o ishá (hombre-ella) y Eva era conocida como Hawah; sin embargo, señala Gardner, la raíz verbal del nombre era hayah (vivir). De esta manera, a Eva se le otorgó el título de Dama de la Vida y se la vinculó con el mito sumerio de la diosa Nin-ti. La palabra sumeria Nin significa mujer y ti tiene un significado relacionado con dar vida, aunque existe una particularidad, ya que utilizada en otro sentido, ti, significa costilla. En los mitos mesopotámicos Nin-ti fue creada para sanar la costilla de otro dios.
Existe una conexión bíblica inevitable con Eva, descrita en el Génesis como la madre de todos los vivientes (Génesis 3, 20) y creada a partir de una costilla de Adán. La tradición sumeria ofrece una explicación mitológica del hecho de que Eva fuera formada de la costilla y no de otra parte del cuerpo, una sutileza lingüística o juego de palabras que se pierde en la traducción hebrea. El relato de Nin-ti es un ejemplo de cómo los autores bíblicos reutilizaron elementos de la mitología sumeria para servir a una nueva teología monoteísta. (5)
Después de todo, somos polvo y al polvo volveremos (Génesis 3, 19). ¿Qué profetiza este simbolismo?, tal vez que se vuelve al mismo punto de origen, la tierra (útero o matriz; caverna y/o cámara de reflexión en sentido iniciático), en la cual se penetra nuevamente.
El memento mori clásico enfatiza la brevedad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, mientras que el bíblico destaca la rendición de cuentas ante Dios y la esperanza en la resurrección.
3
El viento sopla donde quiere
(Evangelio de Juan 3, 8).
Renacimientos
Suelo revisitar aquel texto del Evangelio de Juan que dice:
"(...) ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo?, ¿podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer? (...) Te aseguro que, si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios (...) De la carne nace la carne, del Espíritu nace el espíritu. No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere; oyes su rumor pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu (...)".
Según las alegorías bíblicas, Dios sopló e insufló vida. Ese espíritu o ruah (aire), no es otra cosa que el principio femenino de la triada creadora, según los hebreos.
Del Gabinete de Reflexión, útero o matriz que invita al despojo y al proceso iniciático, se llega a los viajes del Aprendiz y a la vida.
Desde el nacimiento, los signos, toques y palabras fomentan el silencio y la reflexión, y hasta el paso del Aprendiz es similar al paso medido y deliberado del albañil en su andamio. El resto es aprendizaje continuo, respetando la riqueza y la diversidad de la que se nutre la logia.
El aprendizaje es continuo, respetando la riqueza y la diversidad de la que se nutre la logia.
Últimos ritos
El Maestro persiste en actuar y producir, construir, influir y moldear su entorno sin exigir ni imponer su voluntad a los demás. A pesar de enfrentar experiencias difíciles, continúa en su búsqueda del conocimiento y cualquier manifestación que se revele como esencialmente humana y espiritual.
"El viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va", dice el Evangelio de Juan citado previamente. De manera similar, Facundo Cabral expresaba en una de sus canciones: "No soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir", refiriéndose por último a su identidad. Una identidad efímera y transitoria que inevitablemente se desvanece cuando nos sobrevienen todas las muertes juntas. El maestro masón aborda esta cuestión y erige su ideal en los intervalos de espera.
El maestro persiste en la búsqueda del conocimiento sin exigir ni imponer su voluntad a los demás.
La muerte iniciática
(Imagen: idea del autor generada con IA).
En la muerte iniciática o simbólica, el conocimiento superficial debe ser consumido por las llamas para revelar la verdad profunda, lo cual se relaciona con el concepto de desbastar la piedra bruta como proceso de trabajo interior, y también con el acrónimo INRI "Igne Natura Renovatur Integra", que significa que por el fuego se renueva íntegramente la naturaleza. De acuerdo con diversas fuentes y traducciones, las iniciales INRI de estas cuatro palabras se refieren a los cuatro elementos fundamentales de la creación: agua, fuego, aire y tierra. (6)
El gallo representa la conciencia vigilante que emerge del caos, alerta frente al avance de las tinieblas, actuando como guardián del umbral que custodia el paso hacia una nueva etapa de mayor madurez y desarrollo.
Según el Diccionario Masónico, el aire, el fuego y el agua representan tres compañeros que abandonan al hombre en el momento de su muerte; el cuarto elemento, es decir, la tierra, constituye su punto de partida original, asemejándose al extremo de una punta de compás abierta que, tras describir una revolución circular (el círculo simboliza la vida humana), retorna al punto inicial (la tierra, o matriz), en el cual se integra nuevamente.
La conciencia vigila y custodia el paso hacia una nueva etapa de mayor madurez.
Notas
(1) Dice Lisandro de la Torre (1937):
"La predicción del fin del mundo y la descripción del infierno forman parte del sistema de conceptos terroríficos de que se vale el dogma religioso en contra de la ciencia. El Evangelio es categórico al respecto y anuncia el fin inmediato del mundo.
Pasó el primer siglo de la era cristiana y han pasado 1937 años y no ha ocurrido lo anunciado por Jesús. Luego la revelación es una fuente objetable de conocimientos. Pasaron los dioses del Olimpo, pasaron los Ibis sagrados del Nilo, pasaron Osiris y el buey Apis, pasaron los mitos del paganismo nórdico que intenta restaurar el señor Hitler, y no hay razón para que no pase mañana cualquier otro culto, fundado como los anteriores, en revelaciones anticientíficas".
(2) Sostiene el semanario masónico Luz y Verdad que no debería calificarse de irreligioso a quien, al romper con tradiciones arraigadas, manifiesta su disconformidad con el dogma eclesiástico por no satisfacer las aspiraciones de su mente y pensamiento, lo que lo conduce a una investigación serena y un examen crítico del pasado para descubrir la causa verdadera y única; porque, ¿quién estableció el dogma como verdad única y explicación exclusiva de lo que despierta la curiosidad tanto de sabios como de profanos?
Fue la Iglesia.
"El ángel caído, el purgatorio y el limbo; el paraíso, las glorias celestiales y las recompensas divinas; la resurrección de Cristo-Dios y la Trinidad Romana; en fin, todos los dogmas proclamados por la Iglesia Católica, producen con eficiencia creencias supersticiosas, trayendo a los espíritus débiles o ignorantes dudas y temores que convierten su vida en una verdadera infelicidad, y en la que cada palabra aparece como deshonrosa si no lleva el sello religioso, y cada acto como un delito si no está caracterizado por el misticismo y la contemplación".
(3) Con el tiempo, diversas logias masónicas eliminaron la Biblia del altar, la invocación al Gran Arquitecto del Universo y la creencia en la inmortalidad del alma.
Al respecto, sostenían los masones del Gran Oriente Federal Argentino (GOFA) en sus estudios críticos:
"La Biblia, también llamada entre los masones 'Libro de la Ley Sagrada' o 'Volumen de la Ley Sagrada', fue y será la manzana de la discordia dentro de la Orden, que impide la universalización de nuestra noble institución por falta de conocimiento cabal acerca de la época en que se introdujo como uno de los útiles de los talleres.
Tal circunstancia mantiene un cisma internacional entre potencias de tronco inglés y las que soportan su influencia, por una parte, frente al Gran Oriente de Francia y las del grupo latino, por otra".
La masonería anglosajona de la época exponía sus principios de manera contradictoria. Decía que la francmasonería:
"Es religiosa, porque enseña el monoteísmo; el volumen de la ley sagrada está abierto sobre sus altares en cualquier momento que una logia está en sesión; el respeto a Dios está siempre presente en sus ceremoniales, y a sus hermanos se le dirigen constantemente lecciones de moralidad.
Enseña y sostiene el culto de Dios, de la verdad y de la justicia, fraternidad y filantropía, y una inteligente y ordenada libertad civil, religiosa e intelectual.
Es de carácter docente porque enseña por medio de sus ritos y ceremonias ritualísticas un sistema de moral y fraternidad basado en la sacra ley.
La masonería verdadera es un sistema de moralidad, un culto, para conservar y difundir la creencia en la existencia de Dios.
Así, para ingresar a la masonería verdadera y original un hombre tiene que conformarse a estas condiciones: de tener la creencia en Dios y tener una religión monoteísta con un Libro de la Ley Sagrada.
La sagrada Biblia no es un libro de la Iglesia Católica. Es un libro de la religión cristiana que contiene toda la historia masónica anotada en sus páginas. La Biblia es el libro de la ley sagrada que es obligatorio tener abierto en toda logia masónica en un país cristiano. Como es el libro de la historia masónica del cual se han extraído todas las palabras secretas masónicas, debe ser obligatorio tenerlo presente y abierto en la logia".
Del manifiesto de los Supremos Consejos del Rito Escocés reunidos en Lausana en 1875, se desprenden las siguientes declaraciones: que la francmasonería proclama la existencia de un principio creador bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo; que no impone límites a la investigación de la verdad y, con el fin de garantizar a todos esa libertad, exige tolerancia. Como organización, está abierta a los hombres de todas las nacionalidades, razas y creencias; prohíbe en sus talleres toda discusión política y religiosa, y acoge en su seno a toda persona, cualesquiera sean sus opiniones al respecto, siempre que sea hombre libre y de buenas costumbres. Dicta que la misión de la masonería es luchar contra la ignorancia y que, como institución, se constituye en una escuela mutua cuyo programa se resume en obedecer las leyes del país, vivir honradamente, practicar la justicia, amar a los semejantes y trabajar por el bien de la humanidad, persiguiendo su emancipación progresiva y pacífica.
Con respecto a la religión, la masonería señala: "Cultivad vuestra religión sin obstáculos, seguid los dictados de vuestra conciencia; la francmasonería no es una religión, no tiene culto; por ello desea la instrucción laica, quedando toda su doctrina contenida en la siguiente prescripción: ama a tu prójimo".
Con respecto a la patria, dice: "Sé un servidor fiel, nada tienes que explicarnos; el amor a la patria es compatible con la práctica de todas las virtudes".
Desde la perspectiva antimasónica, monseñor José María Caro afirma en el El misterio de la masonería: "La masonería, finalmente, dice que se propone establecer en el mundo una religión nueva, universal, y tiene todo lo que pueda desearse en materia de ritos y ceremonias relativos a un culto religioso. Es, pues, también, una religión".
(4) Hoy se sabe que no fue Moisés el autor de los libros del Pentateuco, sino que fueron textos plagiados repetidamente de los pueblos mesopotámicos, y compilaciones usadas luego del exilio de Babilonia, con fines de manipulación política en última instancia.
(5) Moisés fue un legislador notable para su tiempo, introduciendo ideas tan avanzadas como el monoteísmo que ya había intentado imponer Amenhotep IV en Egipto con escasa fortuna. Sostiene Fernando de Orbaneja (La Biblia al desnudo) que Moisés “aprovechó el Código de Hammurabi y las leyes egipcias, adaptándolas a la realidad en la que vivía y a la idiosincrasia de su pueblo. Además percibió que las tradiciones constituyen un factor de suma importancia en la unidad y en la identidad de los pueblos; por eso instituye una serie de tradiciones detallando sus prácticas con verdadera minuciosidad. Una serie de leyes vitales para la convivencia y la aplicación de la justicia”.
Para el sociólogo Vance Packard (Los moldeadores de hombres), la doctrina judeo-cristiana engendró e impulsó con gran éxito la creencia de que Dios creó al hombre a su propia imagen y de aquí la consternación que despertó en el siglo XIX la teoría de la evolución de Darwin. Esta creencia de que solo el hombre contaba con el toque divino, y que el pueblo hebreo era el elegido de Dios por sobre todos los demás, contribuyó a difundir la idea de una deidad vengativa, apoyándose en el uso de antiguas escrituras y textos mitológicos como material propagandístico que luego fue recopilado en el Antiguo Testamento.
Con respecto al Antiguo Testamento, actualmente se desconoce el autor. Se supone que los textos fueron compilados durante el exilio de Babilonia, plagiados a las culturas mesopotámicas y, en última instancia, utilizados con fines de manipulación ideológica y política, contribuyendo a la unidad de los dos reinos de Judá e Israel. Por otro lado, zanjando las rivalidades teológicas de las distintas órdenes religiosas del país (Odifreddi, Por qué no podemos ser cristianos).
Ya desde el Génesis las Sagradas Escrituras están complicadas, con la mezcolanza de textos y versiones, los juegos de palabras y las fallidas o defectuosas traducciones de las viejas lenguas pero, señala Odifreddi: “Sea como fuere, la historia de Jahvé continúa, primero, haciendo procrear a Adán y Eva dos hijos varones, Caín y Abel, y luego haciendo procrear, a su vez, a Caín: un hecho que hasta un salvaje reconoce que debe basarse en el incesto”.
Moisés introdujo el monoteísmo y percibió que las tradiciones constituyen un factor de suma importancia en la unidad y en la identidad de los pueblos.
(6) Los alquimistas empleaban una variante distinta para designar los tres principios esenciales de su obra: azufre (el principio masculino o creador, simbolizado por el Sol y asociado al Padre), sal (el principio femenino o generador, vinculado a la Luna y a la Madre) y mercurio (el resultado o producto, interpretado como el reparador de su especie o nuevo Creador, equivalente al Hijo).
En ilustraciones de tratados alquímicos, Jesucristo es representado como Anthropos, símbolo de transformación interior y reconciliación de opuestos, así como de la obra completa, erguido sobre el orbe terrestre y rodeado por el tetramorfo integrado por cuatro seres: el hombre, el león, el toro y el águila, asociados con los evangelistas y los elementos de la creación, apoyado sobre dos ruedas que simbolizan el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Anthropos
(Imagen: idea del autor generada con IA).
Bibliografía
- Byung Chul Han (2024), De las no-cosas a la cruz, Diario Perfil.
- Campbell, Joseph (2001), Tu eres eso. Las metáforas religiosas y su interpretación, Emecé.
- Campos, Mauricio Javier (2014), El símbolo y la lengua muerta: Masonería, Iglesia y sociedad, WGT Ediciones.
- Campos, Mauricio Javier (2015), Los masones y la Biblia: entre el púlpito y el patíbulo, Editorial Autores de Argentina.
- Campos, Mauricio Javier (2024), Masones, Autores de Argentina.
- Caro Rodríguez, José María (1978), El misterio de la masonería, Editorial Nuevo Orden.
- De La Torre, Lisandro (1957), Obras. Tomo III. Temas filosóficos, prólogo y notas de Raúl Larra, Editorial Hemisferio.
- Frau Abrines y otros, Diccionario Enciclopédico de la masonería, Editorial Valle de México.
- Foucault, Michael (2006), Seguridad, territorio, población, Fondo de Cultura Económica.
- Gardner, Laurence (2005), La sombra de Salomón. El secreto perdido de los francmasones, Ediciones Obelisco.
- Godelier, Maurice: Poder y lenguaje. Reflexiones sobre los paradigmas y las paradojas de la legitimidad de las relaciones de dominación y opresión. Reproducido en: Boivin, Mauricio; Rosato, Ana; Arribas, Victoria: Constructores de otredad. Una introducción a la antropología social y cultural. Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1999.
- Jung, Carl Gustav (1976), El hombre y sus símbolos, Caralt.
- Luz y Verdad, Año 2, Núm. 82, 19 de noviembre de 1901.
- Luz y Verdad, Año 3, Núm. 108, 20 de mayo de 1902.
- Odifreddi, Piergiorgio (2008), Por qué no podemos ser cristianos, Del Nuevo Extremo.
- Orbaneja, Fernando (2008), La Biblia al desnudo, Ediciones B.
- Packard, Vance (1975), Los moldeadores de hombres, Editorial CREA.
- Pagels, Elaine (1996), Los evangelios gnósticos, Grijalbo Mondadori.
- Pavón, Héctor (2008), Historia del secreto, entrevista al sociólogo Claude Giraud, Clarín, Revista Ñ, págs. 12-13.
- Royston Pike (1960), Dicccionario de religiones, Fondo de Cultura Económica.
- Russell, Bertrand (1987), Religión y Ciencia, Fondo de Cultura Económica.
- Verbum (1951), La Biblia contra la universalidad masónica, Cuarta época, Año XVII, Nº 39, noviembre-diciembre.