24 de noviembre de 2025

Seguridad humana en el mundo actual: globalización e Iluminismo Oscuro

 

La seguridad humana desafía al Iluminismo Oscuro en América Latina. Mientras la globalización exige cooperación y bienestar colectivo, surge una doctrina neorreaccionaria que promueve el tecnofeudalismo y el autoritarismo corporativo. Frente a Estados debilitados por el crimen organizado y la corrupción, se vuelve imperativo analizar esta pugna ideológica frente a la urgencia de un nuevo paradigma de seguridad centrado en las personas, no en el control.


"Esto no se resuelve a balazos (…) 
Soy el primero en alzar la mano para regresar a nuestras tareas
institucionales".
General Salvador Cienfuegos, ex Secretario de Defensa de México

"La justicia es el hábito por el cual se da, 
con una voluntad constante y perpetua, 
su derecho a cada uno".
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica

Viejas y nuevas doctrinas

"-¿Qué aconsejan la justicia y la equidad 
en la distribución de los derechos del hombre?
-Hacer que desde el primer hombre hasta el último gocen de los derechos naturales. 
El Masón organiza y no destruye. 
Para la distribución de los derechos políticos se necesita tino 
y discernimiento para no ofender a la justicia, ni faltar a la equidad".
Preboste y Juez.

Definir el concepto de seguridad actualmente es complejo. Existe una multiplicidad de enfoques y acercamientos al tema, con el agravante de que no hay una organización mundial al respecto que pueda unificar criterios y fijar postulados que sean unánimes. Con el crimen organizado y el terrorismo sucede lo mismo.

Consenso internacional

Las Naciones Unidas, por otro lado, ha postulado el concepto de seguridad humana, cuyo objetivo es: “proteger el núcleo vital de todas las vidas humanas de las amenazas críticas y generalizadas, de un modo compatible con la realización a largo plazo de las personas” (Organización Panamericana de la Salud, 2012).

La resolución 66/290 de la Asamblea General, señala que “la seguridad humana es un enfoque que ayuda a los Estados miembros a determinar y superar las dificultades generalizadas e intersectoriales que afectan a la supervivencia, los medios de subsistencia y la dignidad de sus ciudadanos”.

Conceptos centrales

Pero más allá de la multiplicidad de abordajes, puede establecerse que la seguridad involucra:
  • al individuo, a su entorno, al tejido social y ciudadano;
  • al Estado en su rol institucional de asegurar el bien común, la ejecución y control de políticas públicas y la administración del gobierno con apoyo en la ley y el monopolio legítimo de la violencia (una potestad actualmente muy cuestionada por ideologías extremas y divergentes, como el Iluminismo Oscuro); y
  • al sistema político internacional.
La seguridad, desde el punto de vista que nos atañe, apunta a disminuir las probabilidades de sufrir un daño que afecte a los valores adquiridos o adoptados por la sociedad, con el fin de conseguir un bienestar y estabilidad duradera, y para lo cual desarrolla e implementa distintas políticas y medidas, en un accionar tendiente a lograr dicha situación. En síntesis, puede decirse que existe un ingrediente cultural (más allá de los aparatos de control institucional), donde el individuo está inserto y percibe su situación cotidiana, del entorno que lo rodea y de los niveles de amenazas y peligrosidad a los que está expuesto, contribuyendo a crear el clima de lo que se denomina la “sensación de inseguridad”, muy pronunciada en los países de la región, es decir, América Latina.

Puntos de vista

Cabe distinguir entre diversos enfoques para abordar el tema. Entre ellos, el de la seguridad pública o seguridad nacional, uno de los roles en el cual el Estado, como ya se dijo, viene siendo ampliamente cuestionado en las últimas décadas. Con el fin de la Guerra Fría, del llamado mundo bipolar y el surgimiento de un nuevo proceso de globalización, el paradigma de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional quedó obsoleto. Sostiene Juan Battaleme (2018) que, en un escenario internacional “volátil, incierto, complejo y ambiguo (…) las agresiones son multidimensionales y provienen de distintos actores”.

Al respecto, Estados Unidos desarrolló la Doctrina de las Nuevas Amenazas, que le ha permitido justificar, en las últimas décadas, sus políticas de intervencionismo en la región contra el crimen organizado transnacional o el asentamiento de grupos terroristas. Actualmente ha propiciado una escalada de violencia con sus ataques a botes y barcazas en el Caribe y el Pacífico, alegando que las embarcaciones transportan narcóticos procedentes de Venezuela y Colombia.

Flamantes argumentos

Hay otras problemáticas vinculadas a las “guerras comerciales y tecnológicas” que repercuten a nivel global, sobre todo la iniciada con China y el nuevo mercado global del Sur o BRICS, impulsado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Al igual que otros países hegemónicos, los intereses geopolíticos de Estados Unidos incluyen el petróleo, el gas y las rutas comerciales dentro de un contexto que también involucra conflictos étnicos y religiosos. Sin duda el agua, los minerales y la industria de los alimentos se constituyen en elementos clave de las ya instaladas “guerras por los recursos naturales”.

Dentro de este complejo panorama, ha surgido “un acentuado proceso de SECURITIZACIÓN que involucra el uso de las fuerzas armadas desde la perspectiva de la “mano dura”, y cuyo accionar ha sido criticado por estigmatizar grupos y conflictos sociales, así como por su amplio despliegue propagandístico y montajes mediáticos” (Campos, 2022). Como ejemplo, puede citarse a El Salvador y las medidas anticriminales implementadas por su presidente Nayib Bukele, con el objetivo de contrarrestar el accionar de las maras y grupos urbanos violentos.

Otros ejemplos son Colombia, México y Brasil, “donde las bandas criminales suelen ocupar los espacios vacíos dejados por el Estado, sustituyéndolo en sus funciones. De esta situación se derivan las actuales “guerras urbanas” de las fuerzas gubernamentales contra el narcotráfico y sus violentas disputas por la anexión de nuevos territorios para extender sus actividades delictivas, con un saldo de miles de muertos” (Campos, 2022). Esta actualidad de extrema violencia es la que aqueja a la ciudad de Rosario y vuelve a poner sobre el tapete la discusión sobre el rol de las Fuerzas Armadas en cuestiones de seguridad interior.

Desafíos de gobernabilidad

De lo dicho, que pareciera trazar un mapa ideal de Estados fallidos en América Latina, se desprenden graves consecuencias, entre otras, la pérdida de gobernabilidad del Estado (monopolios, destrucción del aparato productivo, desinversión extranjera, aislamiento internacional); la generación de mayor violencia (asesinatos, crímenes de género, trata y tráfico de personas, mano de obra esclava); y el colapso de los sistemas penitenciarios, judiciales y otras estructuras institucionales.

Párrafo aparte para la infiltración del crimen organizado en distintos estamentos políticos y sociales, con el consecuente aumento de la corrupción y la denominada “captura del Estado” (impunidad, abuso de poder y saqueo de los recursos públicos). Según Transparencia Internacional, América Latina cuenta con uno de los mayores índices de corrupción a nivel mundial.

En síntesis, la debilidad estatal alienta los conflictos sociales, la desigualdad, el aumento de la pobreza, la estigmatización y el desempleo. El problema se agrava con la creciente urbanización, el hacinamiento poblacional (hambre, enfermedades) y la degradación ambiental.

Hacia un rol integrador y cooperativo

– ¿A qué debe limitarse el gobierno para no ser perjudicial a la nación 
y no tener que dejar al que suceda la tarea de corregir sus desaciertos? 
– A defender al débil contra el fuerte.
– A defender el presente sin comprometer el porvenir.
Preboste y Juez.

La seguridad humana, centrada en el individuo y el bienestar colectivo, se haya vinculada al concepto de gobernanza, es decir, al necesario equilibrio entre la gestión estatal, la sociedad civil y el mercado, con el objetivo de lograr una adecuada convivencia ciudadana, inclusiva, plenamente democrática y digna, con resultados sostenibles en el tiempo.

Idealmente aborda los problemas estructurales del ámbito público, desestimando el uso inadecuado del “poder blando” apoyado en una comunicación viciada por el ocultamiento y las noticias falsas (fakes news), la manipulación de la información y la influencia ejercida a través de los medios culturales e ideológicos (por ejemplo, el de la administración Bush y su guerra total contra el terrorismo, que avaló el espionaje ciudadano y un nuevo dogma: la doctrina del ataque preventivo).

También es así por el intervencionismo de una policía militarizada donde la coerción del Estado (“poder duro”), se convierte en parte del conflicto, desconociendo los derechos humanos y generando mayor violencia (por ejemplo, el caso de América Latina y la guerra contra las drogas).

Dice Tokatlian (2018) que, en una América Latina “atravesada por la polarización política, desigualdad social, retraso tecnológico y estancamiento económico (…) el costo de esta guerra contra el crimen organizado tendrá como principales víctimas a jóvenes y pobres en las naciones periféricas y a minorías y migrantes en los países centrales”.

Disminuir la inequidad social

Con una visión más acotada en su instrumentación, la seguridad ciudadana se ocupa del delito común y de hacer cumplir la ley, comprendiendo al sistema policial, judicial y penitenciario, así como a las distintas unidades de investigación. Complementa su accionar a través del diseño de planes preventivos para la contención del crimen. Cabe agregar la necesaria capacitación, equipamiento y fiscalización de las fuerzas de seguridad y los tribunales de justicia.

Dentro de un rol más amplio, el Estado debe asumir una posición integradora que involucre un equilibrio de intereses comunes, estableciendo pactos de políticas consensuadas impulsadas por diversos sectores (gobierno, sindicatos, partidos políticos, empresas, think tanks, prensa, ONGs y otros), de carácter consultivo, con el objeto de aportar ideas, promover o apoyar cambios, transparentar acciones y medidas, así como de expresar opiniones con libertad y respeto por la división de poderes y el estado de derecho.

Al respecto, resulta clave concientizar y generar nuevos hábitos de conducta democrática y participación activa, incentivando, entre otras cuestiones, las denuncias judiciales por casos de corrupción y otros delitos; garantizar el marco jurídico de actuación y el trato igualitario de todas las personas, priorizando el acceso a la educación, el empleo, la salud, la vivienda y otras necesidades básicas, con el objetivo de disminuir la inequidad social, la desmoralización y la motivación para el ejercicio de prácticas corruptas. Hay que incluir en este breve esbozo la cooperación internacional para la lucha contra los tráficos ilícitos y el terrorismo.

La reacción del Iluminismo Oscuro

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Philip K. Dick

La ilustración oscura, también conocida como el movimiento neoreaccionario, es una corriente política de extrema derecha, antidemocrática y conservadora que aborda cuestiones como los roles de género, las relaciones raciales y la migración, rechazando todo tipo de progresismo al respecto. Rechaza el igualitarismo y apoya construcciones sociales y formas de gobierno basadas en las monarquías absolutas, características del Antiguo Régimen y la Edad Media.

Se opone al iluminismo del siglo XVIII, que enfatizó el uso de la razón para disipar la ignorancia y combatir la tiranía. Este movimiento intelectual, cultural y filosófico propició las ideas de libertad, igualdad, justicia, progreso, tolerancia y la separación entre la Iglesia y el Estado, e influyó en la Revolución Francesa, así como en la Independencia de los Estados Unidos, las colonias españolas y la masonería moderna o especulativa, en cuya doctrina se ven reflejados dichos valores.

Desde pocos, para pocos

La ilustración oscura, por otro lado, está vinculada a aquellas élites que ostentan poder y a la cultura cibernética, y cuya visión plantea que “hay que avanzar hacia una sociedad gobernada por las corporaciones”, según Perfil (2024), bajo el liderazgo de un CEO o director ejecutivo. Aspiran a un gobierno autocrático, dado que la democracia les parece el resultado de un experimento fallido. El concepto de tecnofeudalismo, sin ataduras ni condicionamientos estatales, no le es ajeno.

Algunos de sus miembros reivindican la eugenesia. “Mientras que la Ilustración prometía libertad, emancipación, igualdad y solidaridad, la Ilustración Oscura ofrece servidumbre, jerarquía, opresión y crueldad”, sostiene Time (2025). Entre sus seguidores y principales impulsores se cuentan asesores de Donald Trump, intelectuales de ideas extremas y empresarios de Silicon Valley, así como los líderes de la Nueva Derecha global.